Los intereses económicos son por su parte elocuentes: según las cifras oficiales, las exportaciones británicas hacia la UE representan un 41 % del total, mientras que las importaciones tienen su origen en la Unión Europea en un 51 % de casos. Y si la UE presenta para cualquier país un horizonte claro y previsible -aunque a veces farragoso por la burocracia-, no puede decirse lo mismo del Estados Unidos de Trump, donde la ‘relación especial’ no le impidió imponer a los bienes británicos unos aranceles de entre el 10 y el 15 % del valor.