Opinión 14-04-2026 A cien años del primer voto femenino en Chile María Gabriela Huidobro, académica de la Facultad de Educación y Humanidades UNAB. Este 13 de abril se cumplen 100 años de un hito decisivo en la historia de Chile, aunque pase casi inadvertido. En una fecha como la de hoy, en 1926, el Senado aprobó el voto femenino para las elecciones municipales.

No se trataba aún del sufragio pleno, pero fue un paso fundamental: el primer reconocimiento de las mujeres como ciudadanas activas con derecho a participar en la vida política. La historia suele quedarse con los grandes momentos y olvidar los procesos. Por eso, el voto femenino en elecciones presidenciales ha eclipsado este paso inicial.

Sin este hito, difícilmente habría existido lo que vino después. Fue en el espacio municipal donde las mujeres no sólo comenzaron a votar sino también a postularse para cargos públicos y a ser protagonistas del ejercicio democrático en Chile. Así, pocos años después, Alicia Cañas y Aída Nuño llegaron a ser alcaldesas, marcando un precedente concreto en la representación femenina.

El proyecto aprobado en 1926 permitió inscribir en los registros electorales a las mujeres contribuyentes, siempre y cuando no estuvieran bajo la potestad del padre o del marido. Mirada desde nuestro presente, esa condición evidencia las restricciones de la época, pero en ese entonces, abrió una primera puerta hacia un espacio que antes nos excluía por completo. Nada de esto fue casual.

Fue el fruto de años de organización y debate impulsados por líderes intelectuales como Amanda Labarca, Inés Echeverría o Delia Matte, que abrieron espacios clave, como el Club de Señoras, para discutir el lugar de las mujeres en la sociedad y en la política. A cien años de ese 13 de abril, vale la pena recordar este primer paso y rendir un homenaje a esas pioneras, que entendieron, en ese entonces, que los derechos no se conquistan de una vez, sino que se construyen de forma gradual, apostando por el giro cultural de largo plazo. Sólo así se producen las verdaderas transformaciones en la historia, aquellos que el tiempo vuelve tan evidentes que borran la memoria de su conquista.