No puede hacer esto último porque adhiere a la doctrina estoica del dominio eminente, es decir, de la “posesión común del territorio de toda la tierra (communio fundi originaria)”. Y esto lo obliga a concebir la propiedad privada, no como un derecho natural, sino como un derecho pre-politico puramente provisorio. Si no se tomara en cuenta esa condición, la doctrina estoica lo conduciría derechamente al socialismo.

Kant haspodido rastrear el derecho de propiedad hasta el estado de naturaleza. Pero definir la propiedad en el estado de naturaleza como puramente provisoria parece restarle su sacralidad dejándola expuesta a interferencias legislativas. No parece así haber podido clausurar la ventana socialista que Fichte había entreabierto.

¿Podría una concepción plenamente liberal sobrevivir ante esta ambivalencia? ¿Podría superarse la relativización que le impone el consentimiento y la supervisión públicas? No me imagino como podrían Encina, Edwards y Góngora sortear las ambigüedades que presenta la filosofía política de Kant.

Ninguno de ellos podría estar de acuerdo con el monarquismo de Kant, a pesar de la admiración que manifiestan por Portales y sus frágiles compromisos con la democracia. A partir de la Independencia nadie en Chile, excepto Lira, ha promovido la monarquía y ha intentado renunciar a la soberanía democrática (si bien Góngora apoyó inicialmente al proto-monarquismo de Pinochet, muy luego se retractó). Aún menos plausible es pensar que las derechas puedan acomodarse al convencionalismo estoico de Kant, o a su concepción de la propiedad como un derecho pre-político provisorio.

El Código Civil de Andrés Bello ha regido desde 1857 y, mientras siga rigiendo la propiedad quiritaria romana, estará plenamente consolidada entre nosotros.