El abastecimiento de agua potable para la conurbación de La Serena y Coquimbo se encuentra garantizado para todo el año 2026, según informó Erick Chulak, jefe de la oficina regional de la Superintendencia de Servicios Sanitarios. No obstante, advirtió que el escenario hídrico sigue siendo crítico y que persiste la incertidumbre de cara a los años siguientes. De acuerdo con el representante del organismo, la seguridad en el suministro para el próximo año se sustenta en los convenios vigentes entre la Junta de Vigilancia del Río Elqui y Aguas del Valle, además de la disponibilidad actual de recursos en el embalse Puclaro.
“Para 2026 el abastecimiento está asegurado, eso es un hecho”, enfatizó Chulak, aunque aclaró que esta condición no implica un escenario de tranquilidad. El jefe regional explicó que el suministro de agua depende directamente de fuentes continentales, tanto superficiales como subterráneas, las cuales están sujetas al comportamiento de las precipitaciones. En ese contexto, reconoció que no existe la misma certeza para el año 2027 ni para el futuro, manteniéndose la dependencia de temporadas lluviosas que permitan la recarga de embalses, ríos y acumulación de nieve en la cordillera.
“Hoy la situación es crítica pensando en 2027”, sostuvo, advirtiendo que no es posible seguir enfrentando el problema hídrico con soluciones de corto plazo. En esa línea, hizo un llamado a avanzar en medidas estructurales que permitan asegurar el abastecimiento en el largo plazo. Entre las acciones necesarias, Chulak destacó la importancia de aumentar la oferta hídrica y mejorar la eficiencia en la gestión del recurso dentro de la cuenca.
Actualmente, indicó, el sistema depende exclusivamente de aguas continentales, lo que refuerza la necesidad de optimizar su uso. Asimismo, relevó el trabajo conjunto entre distintas instituciones, incluyendo la Dirección General de Aguas, la Dirección de Obras Hidráulicas, el sector agrícola y las entidades sanitarias, en torno a la gobernanza y administración del recurso. Además, subrayó que el agua no solo es esencial para el consumo humano, sino también para el desarrollo productivo, especialmente en la agricultura, por lo que cualquier medida debe considerar un equilibrio que evite impactos como la pérdida de empleos en el sector.
A su vez, explicó en que “la otra línea en la que tenemos que trabajar es la eficiencia: cómo aprovechamos de mejor manera el agua que ya tenemos. En ese sentido, no es fácil decir cuál de las dos vías — aumentar la oferta o mejorar la eficiencia — es más simple o más compleja. A veces se piensa que con inversión todo se soluciona, pero no necesariamente es así.
De poco sirve, por ejemplo, construir más pozos si no hay agua que extraer, o hacer más embalses si no existe disponibilidad para llenarlos”. Sistema más sólidoPor su parte, Andrés Nazer, gerente regional de Aguas del Valle, indicó que en la última década se destinaron más de $80. 000 millones en inversiones para enfrentar la sequía por sobre el gasto habitual.
“Estos fondos han permitido contar con nuevos tranques, pozos, estanques, conducciones, traslado de agua en camiones aljibes y arriendo de derechos de agua, entre otros. Solo en el plan de nuevos sondajes, desde 2022, se han invertido cerca de $15. 000 millones, con la construcción de 14 pozos con un aporte adicional del orden de los 380 l/s al sistema productivo”, agregó.
En esa línea recalcó que “nuestro objetivo ha sido mantener la continuidad del suministro pese a la sequía que afecta a la región, situación que se mantiene crítica y exige un uso responsable del recurso. Actualmente, el embalse Puclaro almacena cerca de 26 Hm³ de agua, equivalente al 13% de su capacidad total”.