La capacidad de adaptación que puedan tener las pequeñas y medianas empresas se ha vuelto indispensable hoy en día. Ante escenarios cambiantes tanto a nivel nacional como internacional, la forma en cómo se enfrentan estas dificultades puede ser un factor decisivo para la continuidad de las organizaciones. Desde variables económicas, pasando por conflictos geopolíticos hasta avances tecnológicos, están redefiniendo la forma en que las empresas deben operar, obligándolas a reaccionar con mayor rapidez y planificación.

En esa línea, expertos sostienen en que hoy las pymes ya no se desenvuelven en un entorno exclusivamente local. “En un contexto de creciente interdependencia económica, las pymes ya no operan en entornos exclusivamente locales, sino que están expuestas a dinámicas globales que inciden directa o indirectamente en su desempeño”, explica Pablo Morales, director de la carrera de Contador Auditor de la Universidad de Las Américas. Así, factores como el tipo de cambio, las condiciones de financiamiento internacional o las disrupciones en las cadenas de suministro pueden impactar directamente en los costos y niveles de competitividad.

A nivel interno, en tanto, los cambios regulatorios y tributarios también influyen en la operación diaria, dice Morales. Tres factores que marcan el ritmo Según los especialistas, los principales cambios que enfrentan las pymes se agrupan en tres dimensiones: económicas, regulatorias y tecnológicas. “Los cambios que más afectan a las pymes suelen agruparse en tres dimensiones principales.

En primer lugar, los cambios económicos, tales como la inflación, las variaciones en las tasas de interés y las fluctuaciones del tipo de cambio, que inciden directamente en los costos de operación, el acceso al crédito y la demanda”, detalla Morales. “En segundo lugar, los cambios regulatorios, particularmente en materia tributaria, laboral y de cumplimiento normativo, los cuales exigen capacidades de adaptación que muchas veces superan los recursos disponibles en empresas de menor tamaño”, agrega. A esto se suma la transformación digital.

Desde el mundo empresarial, advierten que este último factor se ha vuelto determinante. “El desplazamiento progresivo del efectivo obliga a las pymes a incorporar tecnología para no quedar simplemente fuera del mercado”, señala Juan Pablo Hurtado, CEO de Donando (La plataforma de captación de fondos). Riesgos de no reaccionar a tiempo La falta de adaptación no solo limita el crecimiento, sino que puede poner en riesgo el futuro del negocio, ya que “expone a las pymes a una serie de riesgos que pueden comprometer su continuidad”, advierte Morales.

También se corre el riesgo de “pérdida de competitividad frente a empresas más ágiles, el deterioro de los márgenes producto de incrementos en los costos no gestionados, y la disminución de la base de clientes ante cambios en las preferencias del mercado. Adicionalmente, la incapacidad de ajustarse a nuevas regulaciones puede derivar en sanciones o contingencias legales”, complementa el académico. Desde una mirada más directa, Hurtado de Donando enfatiza sobre impacto: “Para decirlo con total franqueza: no adaptarse en el entorno actual es, muchas veces, sinónimo de desaparecer”, declara.

Claves para adaptarse a un entorno cambiante Frente a este escenario, los expertos apuntan a la necesidad de adoptar una mirada estratégica y anticipatoria. Una de las primeras recomendaciones es fortalecer el monitoreo del entorno y planificar en distintos escenarios. “Es fundamental implementar sistemas de monitoreo del entorno, identificando indicadores clave que permitan anticipar cambios relevantes en el mercado”, plantea Morales, quien además destaca la importancia de la planificación bajo distintos escenarios y el fortalecimiento de capacidades internas.

Asimismo, pone el énfasis en “la planificación bajo distintos escenarios (optimista, base y adverso), ya que contribuye a una mejor gestión de la incertidumbre, facilitando la toma de decisiones informadas. Además, la adopción progresiva de tecnologías digitales permite mejorar la eficiencia operativa y ampliar los canales de comercialización. También resulta clave mantener estructuras financieras flexibles, que permitan enfrentar periodos de volatilidad sin comprometer la continuidad del negocio”.

En paralelo, la digitalización aparece como un eje central. “El primer paso es cultural. Hay que atreverse a probar nuevas plataformas y software que simplifiquen el día a día de la empresa y del cliente”, afirma Hurtado.

A esto se suman otras medidas como la automatización de procesos, la diversificación de fuentes de ingreso y la toma de decisiones basada en datos, elementos que permiten reaccionar con mayor rapidez frente a cambios del entorno, sentencia Hurtado.