Entender la recarga, que ocurre por infiltración, percolación y escurrimiento desde las zonas altas, permite evaluar riesgos, definir estrategias y alimentar políticas públicas basadas en evidencia científica”. En tanto, Pedro Sanzana, también investigador del CEAZA, detalla que “el informe confirma que el SHAC Limarí no opera en un régimen natural: gran parte de su recarga proviene de pérdidas asociadas al riego y la conducción. Según la DGA (2008), alrededor del 77% de la recarga total se genera por recarga de riego.

CEAZA estima que la entrada por infiltraciones desde la conducción de riego entre 1990 y 2025 promedió 890 l/s aproximadamente, cuando el rango es de 1. 641750 l/s. La recarga histórica reconstruida alcanza 2.

493 l/s (rango 90–25), mientras que la recarga actual se estima en 2. 306 l/s (20–25)”. Ahora bien, con los valores definidos en el estudio, “se cuantifica un déficit actual cercano a 700 l/s en el acuífero, inversión de la situación registrada en 2013, cuando se estimó un superávit de 400 l/s.

Los investigadores atribuyen la tendencia a la baja, en parte, a la tecnificación del riego y a la reducción de precipitaciones y caudales en los últimos años”, agregó Sanzana. DIFUSIÓN DE LA INVESTIGACIÓN La Estrategia de Participación Ciudadana del proyecto vinculó el estudio con servicios públicos, organizaciones usuarias y comunidades locales, reduciendo brechas de acceso a la información y fortaleciendo capacidades territoriales para enfrentar los desafíos hídricos. El informe quedó ahora disponible para autoridades y usuarios.

En un SHAC declarado en estado de prohibición, la herramienta es insumo para la conformación de comunidades de aguas subterráneas y para diseñar medidas que aseguren suministro humano y productivo frente al cambio climático.