La Sociedad Nacional de Agricultura alertó que el encarecimiento de combustibles, fertilizantes, fletes y energía está tensionando al sector y podría trasladarse al precio final de los alimentos durante los próximos meses. El gremio de los agricultores encendió una nueva señal de alerta sobre el comportamiento que podrían tener los precios de los alimentos en Chile durante los próximos meses, en medio de un escenario internacional tensionado por la guerra en Irán y de medidas internas que, según el sector, han elevado con fuerza los costos de producción y comercialización. La advertencia fue planteada por el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker, en conversación con Desde la Redacción de La Tercera, donde sostuvo que el alza de los combustibles y de los fertilizantes está golpeando directamente al agro y terminará presionando el valor final de diversos productos.
Walker evitó fijar una cifra exacta para proyectar la magnitud del alza, pero sí dejó claro que el problema no apunta a una eventual falta de abastecimiento, sino al encarecimiento sostenido de toda la cadena productiva. En ese contexto, resumió el escenario con una frase que, según dijo, recogió de un gerente general de una exportadora frutícola: que el sector enfrentará “un invierno largo y frío” desde el puntode vista alimentario, precisamente por el peso que tienen los combustibles y sus derivados en los costos agrícolas. La advertencia del líder gremial se instala en un momento especialmente delicado para la economía doméstica, considerando que el precio de los combustibles viene presionado por el cambio aplicado al Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles, conocido como Mepco.
A fines de marzo, La Tercera informó que el gobierno publicó el decreto que neutralizó transitoriamente este mecanismo, abriendo paso a alzas históricas en las bencinas y el diésel. Ese factor, según la SNA, ya comenzó a impactar al transporte y a la operación agrícola. Uno de los efectos más inmediatos que mencionó Walker tiene relación con el transporte terrestre.
El dirigente sostuvo que los camioneros ya advirtieron un aumento del 40% en el costo de los fletes, un dato especialmente sensible para una actividad donde la distribución y el traslado de insumos y productos son determinantes para el precio final. A eso se suma el encarecimiento de fertilizantes, donde otros reportes recientes consignan fuertes alzas: por ejemplo, la urea habría subido más de 70%, mientras los fertilizantes de fósforo y potasio se habrían incrementado entre 20% y 50%, según declaraciones gremiales recogidas por BioBioChile. El impacto no termina allí.
Walker también cuestionó que parte de las medidas paliativas impulsadas por el Ejecutivo se financien con la suspensión del crédito diferenciado al impuesto específico para empresas no transportistas que usan diésel en sus procesos productivos. Según explicó, en el caso de la agricultura esto significa una merma importante, ya que la maquinaria agrícola que no circula por carreteras podíadescontar hasta el 100% del impuesto específico al petróleo diésel. Esa posibilidad, afirmó, se vería reducida de manera sustantiva.
El propio Servicio de Impuestos Internos indica que ese beneficio ha permitido recuperar hasta el 100% del impuesto específico en los casos en que el diésel no es utilizado en vehículos destinados a transitar por carretera. El escenario también preocupa al sector exportador agrícola. Walker advirtió que la crisis en Medio Oriente no solo encarece los combustibles, sino que además altera rutas logísticas estratégicas, especialmente por la incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz, paso clave para una parte relevante del comercio energético mundial.
En ese contexto, señaló que contratos proyectados con mercados como Emiratos Árabes y Arabia Saudita han debido ser reevaluados, obligando a buscar destinos alternativoscomo Europa, China o India, con el consiguiente efecto en los costos y en el valor final de ciertos productos. A estas presiones se suman otros factores internos que inquietan al agro. El presidente de la SNA pidió postergar la entrada en vigencia de la tarifa eléctrica diferenciada por horario, por el efecto que podría tener sobre productores que operan con frigoríficos y sistemas intensivos en energía.
También planteó revisar el reavalúo de terrenos agrícolas, asegurando que en algunos sectores las contribuciones han subido hasta 500%, bajo criterios que, a juicio del gremio, no responden a la lógica productiva delcampo. Frente a este panorama, la Sociedad Nacional de Agricultura anticipó que presentará en los próximos días un paquete de medidas al Ministerio de Hacienda, con el objetivo de bajar los costos de producción y comercialización y, con ello, evitar que el alza termine traspasándose con mayor fuerza al consumidor. Entre los puntos centrales del petitorio estará la recuperación del 100% del impuesto específico al diésel para la maquinaria agrícola, además de otras acciones orientadas a amortiguar el impacto de la energía, el transporte y la carga tributaria sectorial.
El diagnóstico del gremio deja sobre la mesa una advertencia clara: el agro no está hablando de escasez, sino de costos. Y cuando los costos suben en combustibles, fertilizantes, transporte, electricidad y contribuciones, la presión finalmente termina recorriendo toda la cadena. La gran preocupación del sector es que ese fenómeno se haga sentir justo en los meses de invierno, cuando el bolsillo de los hogares ya suele enfrentar mayores exigencias.
En ese marco, la señal de la SNA apunta a que el debate no debe reducirse a cuánto subirán los alimentos, sino a qué decisiones se tomarán antes para contener ese impacto. El gremio sostiene que aún hay margen para corregir medidas, aliviar costos y evitar que una crisis internacional, sumada a factores internos, termine golpeando con más fuerza la mesa de los chilenos.