A ello, el doctor Rozas agrega que “si bien las adicciones conductuales ya llevan mucho tiempo siendo investigadas en el ámbito académico, eso no ha permeado todavía de manera tan clara en la población. Es mucho más intuitivo y fácil identificar las adicciones a sustancias; desde ese punto de vista, las adicciones conductuales todavía son vistas con cierta pasividad; como que yo me someto a una pantalla, pero que no lo hago activamente, por así decirlo. Y por lo mismo creo que ha tenido cierto grado de resistencia el hecho de que determinadas conductas que forman parte de la vida de las personas lleguen a ser objeto de un trastorno psiquiátrico o de una adicción”.
Industria y acceso permanente a contenidos El director de la Clínica Psiquiátrica Universitaria y fundador del Centro Especializado para la Prevención y Tratamiento de las Adicciones, Carlos Ibáñez, plantea que las adicciones conductuales mediadas por tecnología operan de forma similar a otras sustancias disponibles en el mercado. Según explica, plataformas asociadas a apuestas o pornografía funcionan en un entorno donde existen industrias interesadas en promover su consumo, de manera comparable a lo que ocurre con el tabaco o el alcohol. Los especialistas coinciden en que en muchos casos las adicciones están asociadas a otros trastornos de salud mental, como depresión, ansiedad o trastorno bipolar, una condición conocida como “patología dual”.
Por ello, señalan que el tratamiento debe considerar de manera integral tanto la adicción como el problema de salud mental de base, incorporando factores individuales, familiares y sociales. El desafío del uso de pantallas en jóvenes La psiquiatra de adultos y profesora adjunta de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, Viviana Miño, dio a conocer resultados de encuestas sobre uso de pantallas y consumo en jóvenes. “Los padres están mucho más involucrados en monitorizar conductas asociadas al consumo de alcohol que al uso excesivo de pantallas”, comentó.
Los especialistas plantean que, ante la presencia constante de la tecnología, una de las estrategias recomendadas es avanzar hacia prácticas de “higiene digital”, como evitar notificaciones innecesarias, reducir el uso nocturno del celular y limitar el acceso de niños y adolescentes a dispositivos en sus dormitorios.