Cuando la electricidad se vuelve más limpia, también se vuelve más exigente. En el norte de Chile, donde las energías renovables crecen con fuerza, la estabilidad del sistema eléctrico se ha transformado en un desafío técnico clave. En ese contexto, la Comisión Nacional de Energía (CNE) declaró en construcción el proyecto “SSCC de Control de Tensión por aportes de potencia de corto circuito en la S/E Monte Mina.

SE3”, en la región de Antofagasta. La iniciativa, desarrollada por Transelec, contempla la instalación de un condensador sincrónico de 92 MVA en la subestación Monte Mina. Su función será prestar el servicio complementario de control de tensión, una herramienta esencial para mantener el equilibrio del sistema eléctrico en escenarios de alta penetración de energías renovables.

El objetivo es claro: asegurar una operación más estable y confiable de la red en el norte del Sistema Eléctrico Nacional. El proyecto fue adjudicado en junio de 2024 y responde a una necesidad estructural: acompañar el proceso de descarbonización, especialmente ante el retiro progresivo de centrales termoeléctricas a carbón. En este nuevo escenario, tecnologías como los condensadores sincrónicos permiten suplir funciones que antes realizaban esas centrales, como aportar inercia y soporte de tensión.

Desde la empresa señalan que estos equipos permitirán una operación más segura del sistema, especialmente frente a desconexiones o variaciones en la generación. La entrada en operación está prevista para 2027, marcando un hito en la modernización de la infraestructura de transmisión en la zona. En términos económicos, la prestación del servicio será remunerada mediante una anualidad cercana a US$24 millones durante 25 años, lo que refleja la relevancia estratégica de este tipo de soluciones dentro del sistema eléctrico.

El avance del proyecto también deja ver tensiones propias de la transición energética. Por un lado, la urgencia de integrar energías limpias; por otro, la necesidad de invertir en infraestructura que garantice su funcionamiento seguro. El desafío no es menor: la velocidad de la transición depende tanto de la generación renovable como de la capacidad de la red para absorberla.

En esa línea, el desarrollo de este tipo de proyectos abre una lectura propositiva: no basta con producir energía limpia, hay que sostenerla técnicamente. Iniciativas como la de Monte Mina apuntan justamente a cerrar esa brecha, fortaleciendo un sistema que debe ser cada vez más flexible, resiliente y preparado para el futuro. Así, si antes la estabilidad del sistema descansaba en grandes centrales térmicas, hoy comienza a apoyarse en nuevas tecnologías que cumplen ese mismo rol desde otro lugar.

Es como cambiar los cimientos de una estructura sin detener su funcionamiento: invisible para la mayoría, pero decisivo para que todo siga en pie. 5 datos más importantes: Proyecto declarado en construcción por la CNE en Antofagasta. Considera un condensador sincrónico de 92 MVA en Monte Mina.

Busca reforzar el control de tensión e integrar energías renovables. Entrará en operación estimada en 2027. Tendrá una remuneración cercana a US$24 millones anuales por 25 años.