Aunque hasta ahora se repita que en líneas gruesas el contenido es el mismo anunciado por Quiroz el 14 de marzo, y que acá no iba a haber marcha atrás, en Presidencia, Hacienda, Interior y Segpres adelantan que “hay algunas medidas que vamos a tener que soltar”, que “veremos qué peleas valen la pena y cuáles no”, que “habrá que sacar del proyecto materias que distraigan el debate de fondo” o que “en lo sustantivo el proyecto mantiene su estructura de lo que fue anunciado; si cambia algo es porque hay mejores canales, ya sea vía otros proyectos o dejando algunos temas para más adelante”. Uno de los puntos -realca una alta autoridad- es evitar caer en reyertas gratuitas, inútiles y dañinas. Es decir, evitar trenzarse en aspectos accesorios para el fondo del proyecto solamente porque sean simbólicos para la oposición.

Mucho tendrán que decir en esa evaluación de viabilidad política -además del Presidente- los ministros García y Alvarado, entre otros nombres. Eso sí, otras versiones del círculo kastista aseguran que el proceso de “corte” ya está corriendo: aseguran que ciertas medidas se han descartado y no irán en el proyecto, aunque de momento no han querido transparentarlas. Esta no será una tramitación cualquiera.

Uno, el Gobierno no tiene una mayoría decidora en el Legislativo, lo que obliga a negociar. Dos, un megaproyecto así expone un flanco parecido al de la primera y fracasada Constituyente: que la oposición centre sus fuegos en ciertas medidas puntuales o más impopulares, opacando el resto del debate público. Tres, el ambiente post bencinazo vuelve todo más volátil: por mucho que el mandatario insista en que su lucha no es por la mera popularidad, una de las consecuencias que tiene perder varios puntos de sopetón es que tu gente se vuelve más indómita a la hora de votar en el Congreso (nuevamente recordemos Piñera, Parte II post estallido y pandemia, los retiros y todo lo demás).

Parlamentarios del Partido Republicano y de la UDI hacen ver que da lo mismo que su bando tenga mayoría en la Comisión de Hacienda de la Cámara porque ¿qué sentido tiene pasar máquina ahí si después te la pasan de vuelta en la sala? Uno de ellos saca el pincel: “Todavía tenemos margen en la sala, no sé si en tres meses más. Las encuestas están totalmente conectadas con esto, sobre todo si tienes una mayoría de diputados nuevos que se asustan a la primera funa por Twitter.

Mientras el Presidente no baje mucho del 40%, tenemos margen”. En La Moneda sostienen que pese a todo, ven una ventana de “racionalidad y disposición” en la oposición. En la Cámara, entre independientes, parte de la DC y el PPD.

En el Senado, especialmente en el eje PPD-PS. Aunque solamente la versión timbrada del proyecto arrojará más pistas de un posible devenir, en el Gobierno resumen que si bien estas peleas se ganan por un voto, lo ideal sería tener un margen más amplio. Como sea, se asume que más de alguna medida caerá o será modificada durante el trámite.

Por algo el Presidente, que fue diputado, dijo esta semana en la entrevista ARCHI que “si hay mejores medidas que las que nosotros presentamos, ¿por qué no acogerlas? Uno siempre está abierto a mejorar los proyectos”. El domingo pasado el jefe de la Segpres -con décadas de escuela en el Congreso-, José García, calculó que esto tendría que estar listo en septiembre, antes de que se tramite el presupuesto 2027, a razón de dos meses por cámaras.

Otros en La Moneda prefieren ser más realistas y darse todo el año para liquidar este asunto. En al menos dos rankeadas oficinas de Palacio rescatan que fue mejor que el ministro de Hacienda debutara en el Congreso con la tramitación de las medidas para compensar el alza de los combustibles y no con esto. Que las pedidas de renuncia y duras críticas sirvieron de aprendizaje a fin de cuentas, sin perjuicio del “maltrato sufrido”.

Quiroz, sostienen estas lecturas, no tenía experiencia legislativa y hasta antes de eso estaba en la línea de no cambiar nada: en los hechos, ya vio que el Congreso “es un animal bravo” y agregan que fue especialmente positivo para él ver a García y Alvarado en su salsa negociando. Dados todos estos tentáculos, en las entrañas del Ejecutivo recalcan con fluorescente que será crucial cómo se explique y se dé a conocer tamaña apuesta. Esto será -coinciden varios- un examen para el andamiaje de comunicaciones del Gobierno.

“Esto tiene que ser simple de entender, tanto para los parlamentarios como para la gente. Que la gente entienda que no se vota contra un artículo, sino contra una acción o medida que te facilita la vida y te ahorra complicaciones”. ¿Qué dicen en las unidades aludidas?

Que sí, que es un desafío importante, que hay que trabajarlo bien y que el abanico de medida toca a distintos públicos y audiencias… y que hay que explicarlo “con un tono moderado”. Continuará.