Chile lleva más de una década estancado. La inversión se ha debilitado, el crecimiento se ha vuelto esquivo y la economía no logra generar los empleos ni las oportunidades que el país necesita. Detrás de ese diagnóstico hay rostros concretos: familias que ven cómo su esfuerzo no alcanza.

Romper esa inercia es la tarea más urgente que tenemos como país. Conscientes de esa realidad, ingresamos al Congreso el proyecto de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social, una iniciativa de Estado orientada a poner nuevamente a las personas al centro y a devolverle a Chile la capacidad de crecer, generar empleo y ampliar oportunidades. Es la respuesta concreta de un gobierno que entiende que el país no puede seguir esperando.

“Parte de la izquierda reduce el debate a una disputa entre el 1% y el resto. Se trata de una narrativa políticamente cómoda, pero alejada de la realidad. Cuando la inversión se frena y la economía se estanca, los que más sufren no son los que más tienen”.

Algunas voces han señalado que esta iniciativa beneficiaría solo a una minoría. Conviene detenerse un momento en ese punto, porque precisamente esa mirada —la que sostiene que la prosperidad se logra gravando al que invierte o emprende— es parte importante de lo que explica el estancamiento que hoy vivimos, ese mismo que se traduce en los más de 900 mil compatriotas que hoy buscan un trabajo y no lo encuentran. El plan parte de una premisa sencilla: si queremos empleo, debemos apoyar a quienes lo crean.

Por eso, junto con la rebaja del impuesto corporativo y la simplificación de permisos para destrabar la inversión, incorporamos un crédito tributario al empleo formal que beneficia directamente a más de cuatro millones de trabajadores con contrato y a cerca de 230 mil PYME que sostienen buena parte del empleo del país. El proyecto también se hace cargo de un compromiso pendiente. En Valparaíso, en Ñuble y en Biobío, miles de familias siguen esperando una respuesta tras las catástrofes que sufrieron.

Más de 4. 400 hogares recibirán una solución concreta para reconstruir su vivienda, porque devolverle a una familia su casa es devolverle el lugar donde se guardan los recuerdos y se proyectan los sueños. En esa misma línea, damos un paso histórico al iniciar la política de eliminación del impuesto territorial sobre la primera vivienda, comenzando por quienes más lo necesitan: nuestros adultos mayores.

Cerca de 300 mil de ellos dejarán de pagar contribuciones por su hogar, aliviando una carga que pesaba sobre presupuestos muchas veces estrechos. Comenzar por ellos es una forma de reconocer a quienes han entregado su vida al país. Parte de la izquierda reduce el debate a una disputa entre el 1% y el resto.

Se trata de una narrativa políticamente cómoda, pero alejada de la realidad. Cuando la inversión se frena y la economía se estanca, los que más sufren no son los que más tienen. Por eso nuestra mirada es distinta: no es la de enfrentar a unos contra otros, sino la de construir un país donde el crecimiento abra puertas.

Mientras algunos se obsesionan con el 1%, nosotros legislamos pensando en el 100% de los chilenos. Esa es la tarea: construir prosperidad para todos.