La dimensión hídrica constituye otro de los ejes centrales del diagnóstico. Entre los cauces monitoreados figuran el río Biobío, el río Andalién, el río Curanilahue, el río Duqueco, el río Laja, el estero Quilque y el estero Bellavista de Tomé, todos con antecedentes de inundaciones o desbordes que han afectado áreas urbanas y rurales de la región. En el caso del río Biobío, el documento advierte que precipitaciones intensas distribuidas en gran parte de la cuenca podrían provocar afectaciones en sectores ribereños de comunas como Santa Bárbara, Quilaco, Los Ángeles, Nacimiento, Laja, Hualqui y San Pedro de la Paz.
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Respecto del río Andalién, si bien se reconoce que las obras ejecutadas por la Dirección de Obras Hidráulicas han reducido significativamente el peligro de inundación, el informe mantiene bajo observación sectores como Chaimávida, Callao, Bellavista y la población San Francisco debido al riesgo asociado a crecidas extraordinarias y al colapso de sistemas de aguas lluvias que descargan hacia el cauce. Vigilancia y obras preventivas Frente a este escenario, el seremi de Obras Públicas del Biobío, José Piña, aseguró que la región enfrenta el invierno con un despliegue preventivo basado en contratos de conservación, maquinaria para emergencias y coordinación con Senapred. Sin embargo, reconoció que existen sectores donde el riesgo seguirá requiriendo vigilancia permanente.
“Debemos ser claros: ante fenómenos climáticos extremos, siempre existirán sectores que demandan nuestra vigilancia permanente y la de las comunidades”, explicó. Entre ellos mencionó las zonas cordilleranas de Alto Biobío, donde rutas interiores como Ralco-Palmucho y caminos emplazados junto a los ríos Biobío y Queuco continúan expuestos a nevadas intensas y crecidas. También advirtió que, pese a las obras ejecutadas en la cuenca del Andalién, sectores como Palomares, Collao, Nonguén y Valle Noble “requieren monitoreo continuo debido al arrastre histórico de sedimentos y riesgo de desborde”.
A ello sumó a Lirquén y Penco, donde “sectores con laderas escarpadas y quebradas activas presentan vulnerabilidad constante”, por lo que llamó a mantener especial precaución frente a precipitaciones intensas. Vale recordar que para mitigar eventuales impactos del Río Andalíen, la cartera está en plena faena de un muro sedimentador que actualmente lleva un 43 % de avance. Respecto de las medidas de mitigación, Piña confirmó que la Ruta de la Madera contará desde julio con obras actualmente en licitación que consideran estabilización de taludes, construcción de muros de contención y mejoramiento de drenajes mediante limpieza de alcantarillas.
Sobre la ruta entre Concepción y Florida, aseguró que en esta opera un contrato global enfocado en bacheo preventivo, limpieza de fosas y despeje de derrumbes, además de una intervención específica de estabilización de taludes ya ejecutada para reforzar la seguridad de los usuarios. Finalmente, añadió que el MOP trabaja junto a otros organismos en nuevas cartografías de riesgo y evaluaciones técnicas orientadas a identificar zonas vulnerables a remociones en masa, herramientas que buscan fortalecer la capacidad de respuesta y la planificación preventiva frente a futuros sistemas frontales.