“Como usuario de un biosimilar, sé que esta conversación no se reduce a un debate técnico: se trata de personas que necesitan acceso oportuno, continuidad terapéutica y la tranquilidad de saber que su tratamiento no dependerá únicamente de cuánto pueden pagar o de cuántas barreras deban soportar. Vivir con una enfermedad crónica ya es suficientemente difícil; por eso, como país, no podemos permitir que la falta de acceso haga esa carga todavía más injusta”, expresó. ¿Qué es un biosimilar?
Los biosimilares son medicamentos biológicos que han demostrado ser altamente similares en términos de seguridad, eficacia y calidad al medicamento biológico original, conocido como producto de referencia. Estos medicamentos se producen una vez que la patente del biológico original expira, lo que permite reducir significativamente su costo. El ente regulador sanitario chileno, el Instituto de Salud Pública (ISP), define al biosimilar como “aquel medicamento biotecnológico que ha demostrado ser comparable en calidad, seguridad y eficacia al producto biotecnológico de referencia, basándose para ello en su caracterización exhaustiva mediante estudios de comparabilidad en igualdad de condiciones, constituidos por estudios de calidad y por estudios no clínicos y clínicos, todos ellos comparativos”.
Los países que han implementado políticas nacionales integrales de biosimilares han logrado ahorros entre 15-40% en tratamientos biológicos, permitiendo reinvertir recursos en ampliar cobertura y acceso a nuevas terapias, según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Además, permiten tratar muchas enfermedades, entre ellas, afecciones graves que incluyen enfermedades de la piel como la psoriasis, enfermedades inflamatorias intestinales, osteoporosis, diabetes, afecciones renales, artritis reumatoide y algunos tipos de cáncer.