“Mi error fue, tal vez, donar el caballo sin transferir oficialmente la titularidad. Intenté hacer una buena obra y, en cambio, me convertí en un instrumento para algo maligno”, lamentó Suat Topcu al popular medio turco Milliyet. El propietario remarcó que “yo estuve presente cuando concibieron a esta yegua.

La cuidé durante dos años antes de que empezara a competir en las carreras”. Captura | The Sun “La trajimos a la granja para que se convirtiera en madre… Quien daña a un animal, daña a un ser humano”, complementó visiblemente afectado. Por otro lado, hay que destacar que en suelo turco todos los caballos llevan microchips para controlar su estado de salud y el historial de competición.

“Incluso sin documentos de identidad físicos, podemos determinar dónde está un caballo o qué le sucedió gracias a estos chips”, confirmó Eray Hazar, de la Asociación Turca de Criadores y Propietarios de Caballos de Carreras. Un caso que ha desatado conmoción y polémica en Europa, sobre todo entre los fanáticos de la hípica.