Un estudio liderado por el University College Cork reveló nuevas claves sobre cómo el café puede influir en el estado de ánimo. Investigadores identificaron que esta bebida, incluso en su versión descafeinada, genera cambios positivos en la flora intestinal que impactan la salud cognitiva. La investigación, publicada en Nature Communications, detalla que el consumo regular de café —con o sin cafeína— modifica el microbioma intestinal y repercute directamente en el estrés y el ánimo.

Los hallazgos apuntan a mecanismos poco explorados del eje intestino-cerebro, ampliando la mirada más allá del clásico efecto estimulante. Cambios en la microbiota y efectos emocionales El trabajo del centro APC Microbiome Ireland analizó a 62 adultos sanos, diferenciando entre consumidores habituales y personas que no consumían café. Tras una fase de abstinencia y una reintroducción controlada —con café con cafeína y descafeinado—, se evaluaron variables psicológicas y biológicas.

Los resultados mostraron un aumento de bacterias como Eggertella sp. y Cryptobacterium curtum en quienes consumían café, especies vinculadas a procesos digestivos que podrían ayudar a reducir infecciones. También se detectó un crecimiento de bacterias del filo Firmicutes, asociadas a emociones positivas, especialmente en mujeres.

En paralelo, ambos grupos que retomaron el consumo reportaron menores niveles de estrés, depresión e impulsividad. Sin embargo, el café con cafeína se asoció a menor ansiedad y mayor concentración, mientras que el descafeinado destacó por mejoras en aprendizaje y memoria. Según el profesor John Cryan, “el café es más que cafeína: es un factor dietético complejo que interactúa con nuestra microbiota intestinal, nuestro metabolismo e incluso nuestro bienestar emocional”.

El experto enfatiza que estos resultados invitan a replantear la idea del café como un simple estimulante. Evidencia acumulada y beneficios más amplios Durante años, el café ha sido objeto de debate, pero hoy la evidencia lo posiciona como una de las principales fuentes de antioxidantes en la dieta occidental. Diversos estudios lo vinculan con menor inflamación y una reducción en el riesgo de enfermedades como cardiopatías, diabetes tipo 2 y algunos cánceres.

Metaanálisis recientes también asocian su consumo a un menor riesgo de depresión y a una disminución del 27 % en la incidencia de la enfermedad de Alzheimer. Además, se ha observado una mejor conectividad cerebral, memoria y velocidad de procesamiento en adultos mayores. El profesor Tim Spector destaca que los polifenoles del café “nutren la microbiota intestinal y promueven una comunidad microbiana próspera, lo cual está relacionado con una mejor salud metabólica y menor inflamación”.

También subraya su aporte de fibra, que puede alcanzar hasta 5 gramos diarios en consumidores habituales. Cómo influye la forma de consumo No todos los cafés son iguales. El método de preparación incide en su composición: el café filtrado elimina compuestos como cafestol y kahweol —presentes en preparaciones como la prensa francesa— que pueden elevar el colesterol LDL.

En contraste, el café instantáneo contiene menos polifenoles, pero puede aportar más fibra y menos cafeína. La combinación con leche también ha sido revisada. Estudios recientes de la Universidad de Copenhague sugieren que podría potenciar el efecto antiinflamatorio.

La nutricionista Clarissa Lenherr afirma que “si prefieres un café con leche, seguirás obteniendo una gran cantidad de antioxidantes”. Eso sí, los expertos advierten sobre versiones comerciales con alto contenido de azúcar y cremas. En palabras de Spector, “la peor manera de beberlo, para la salud, es cuando ya no es café sino un postre”.

El horario también juega un rol clave: consumir café antes del mediodía evita afectar el sueño, un factor crucial para la salud metabólica. Investigaciones publicadas en European Heart Journal respaldan que quienes lo toman en la mañana presentan menor mortalidad a largo plazo. Descafeinado: una alternativa con beneficios El estudio refuerza que el café descafeinado mantiene gran parte de los efectos positivos, especialmente en la modulación del microbioma y el estado de ánimo.

Sus polifenoles continúan actuando sobre la microbiota sin los efectos estimulantes de la cafeína. Lenherr recomienda elegir opciones procesadas mediante el método Swiss Water, que elimina la cafeína sin químicos. Spector coincide en que el descafeinado puede ser una buena alternativa para quienes buscan cuidar el sueño o reducir la ansiedad.

Pese a los avances, los autores advierten que aún existen vacíos en la comprensión de los efectos del café a largo plazo, las diferencias individuales en su metabolización y el rol exacto del microbioma en la función cerebral. Se requieren estudios más amplios y longitudinales para confirmar estos hallazgos. Por ahora, el café se posiciona como un alimento funcional capaz de influir en el eje intestino-cerebro, con beneficios que van más allá de su efecto estimulante, tanto en su versión tradicional como descafeinada.