Mantener horarios regulares de sueño desde 2 a 3 días antes y después del cambio. Evitar acostarse mucho más tarde el fin de semana “porque hay una hora extra”; eso dificulta la adaptación el lunes. Exponerse a luz natural temprano en la mañana, idealmente 20–30 minutos.

Esto ayuda a reajustar el reloj biológico. Evitar pantallas intensas y luz brillante al menos 1 hora antes de dormir. Reducir cafeína, alcohol y comidas pesadas en la noche del sábado y el domingo.

Mantener actividad física, pero evitar ejercicio muy intenso justo antes de acostarse. Priorizar una rutina de sueño especialmente en niños, adolescentes y personas mayores, que suelen resentir más el cambio.