El candidato de izquierda Roberto Sánchez escaló este miércoles al segundo lugar en el conteo parcial de las elecciones presidenciales en Perú, posicionándose como eventual rival de la derechista Keiko Fujimori en una segunda vuelta. El proceso electoral ha estado marcado por fallas logísticas y denuncias, en un país que arrastra una profunda crisis política desde hace más de una década. Con más del 90% de las actas contabilizadas, Fujimori lidera con cerca del 17% de los votos, seguida por Sánchez con un 12%, quien logró superar por un estrecho margen al ultraconservador Rafael López Aliaga (11,9%).

Los resultados aún son preliminares y podrían variar, especialmente por el retraso en el conteo de votos provenientes de zonas rurales y del sur andino, donde Sánchez concentra su principal apoyo. El candidato de Juntos por el Perú, psicólogo de 57 años y cercano al expresidente Pedro Castillo, ha capitalizado el respaldo de sectores históricamente excluidos. Durante su campaña, ha replicado símbolos del exmandatario, como el uso del sombrero campesino, y ha prometido impulsar una nueva Constitución y un Estado plurinacional.

En ese contexto, Sánchez ha insistido en que existe un “deseo de cambio” en amplios sectores de la población. El escenario electoral también ha estado tensionado por cuestionamientos al proceso. Problemas en la distribución de material electoral dejaron a miles de personas sin votar, obligando a repetir la jornada en algunos casos.

Además, el Jurado Nacional de Elecciones presentó denuncias contra autoridades de la ONPE, mientras que López Aliaga acusó fraude y exigió la nulidad de los comicios, lo que fue descartado por observadores internacionales. De confirmarse los resultados, Perú podría enfrentar una segunda vuelta que reedite la polarización de 2021, enfrentando a la derecha tradicional con una izquierda que busca transformaciones estructurales. En medio de un clima de desconfianza institucional, el desenlace de esta elección será clave para definir el rumbo político de un país marcado por la inestabilidad y el descrédito de su clase dirigente.