Piso alfombrado, no entra luz natural, la sala del hotel recibe eventos de todo tipo, esta vez a una escritora argentina. Al menos diez personas se encuentran en el espacio: eléctricos, camarógrafos, periodistas, productores, suenan los trípodes metálicos cerrarse, los cables enrollarse y murmullos entre los colegas, pero todo ese movimiento se interrumpe por una voz femenina fuerte, sólida, una voz acostumbrada a hacerse escuchar en escenarios. “Silencio”, exclama Camila Sosa Villada sentada, con lentes oscuros mientras se sirve una lata de Coca-Cola en una copa.
Los trabajadores quedan congelados por un segundo y siguen haciendo sus labores pero sin hacer ruido, ahora empieza la entrevista. La escritora trasandina estuvo en la capital chilena como invitada por los 25 años del concurso Santiago en 100 Palabras el pasado 1 de abril. Además llegó con la reedición de su libro El viaje inútil, de 2018, en el que mezcla autobiografía, sus orígenes como escritora y quienes la han influenciado.
Sentada en el hotel cuenta que fue un pedido editorial de Gabriela Halac, de Documenta/ Escénica Ediciones. “Me daba mucha vergüenza decir que era escritora, yo solamente tenía un libro”, recuerda. Su carrera literaria no siguió el camino habitual, nunca tuvo que golpear puertas con un manuscrito y su reconocimiento previo en el teatro en Córdoba facilitó ese proceso.
En 2015 publicó el poemario La novia de Sandro, aunque ya tenía bastante reconocimiento en teatro y cine. En 2009 estrenó su primer espectáculo unipersonal, Carnes tolendas, retrato escénico de un travesti. En 2011 protagonizó la película Mía, de Javier van de Couter.
En 2012 actuó en la miniserie La viuda de Rafael. En 2014 hizo en teatro El bello indiferente, de Jean Cocteau. En 2015 Despierta, corazón dormido/Frida.
En 2016 Putx madre y en 2017 El cabaret de la Difunta Correa y la miniserie La chica que limpia. Pero, la fama llegó luego de publicar en 2018 Las Malas, una novela ficticia que cuenta la historia de sobre un grupo de mujeres travestis que ejercen el trabajo sexual en el Parque Sarmiento en Córdoba y que deciden criar en comunidad a un bebé que encontraron mientras trabajaban. La escritora reconoce que el libro marcó un antes y un después.
“Las Malas fue como una especie de contrato con el diablo al que yo le tengo que ofrecer alguna vez un libro para que se quede tranquilo”, cuenta. Para ella, el libro era necesario, “alguien tenía que escribirlo” dice. “Hubo intentos, yo creo.
Pero, lo que pasa es que ninguno de los escritores que había escrito historias así eran trans”, agrega. En cuanto al proceso creativo, no establece grandes diferencias entre literatura y teatro. Ambos lenguajes se cruzan constantemente, “todos mis libros los corrijo en voz alta”, explica.
La novela Las Malas fue elogiada internacionalmente, traducida a más de 10 idiomas y en 2020 recibió el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Además, ganó el Premio Konex (2024) destacándose como una de las figuras más relevantes de la literatura argentina de la década, y múltiples reconocimientos por su trabajo como actriz, dramaturga y poeta. La autora dice que el libro “es como un novio mentiroso”, porque construyó una imagen de autora que no necesariamente coincide con lo que quiere hacer hoy.
“La gente piensa que soy buena, que soy sensible, que soy de determinada forma por haber escrito el libro que escribí y en verdad soy otro tipo de escritora, una mucho más peligrosa de lo que piensan y eso me permite seguir jugando a ser medio tontona, a ser la travesti tonta y sensiblona, eso tiene una virtud que es que yo puedo seguir escribiendo y tiene un enorme defecto que es que cuesta mucho traerlos a la escritora que realmente soy y la que escribe sobre los temas que realmente le interesan como por ejemplo la infelicidad y la ausencia del deseo”, expresa. Esa “peligrosidad” no se limita a la escritura, la escritora cuestiona la idea de la literatura como un espacio sagrado. “No hay nada en la industria editorial que me puedan ofrecer que yo precise más que muchísimo dinero”, afirma sin rodeos, defendiendo la escritura como trabajo.
En ese sentido, insiste en la necesidad de hablar abiertamente de dinero en el mundo literario, “es hasta gremialista”, sostiene. También reflexiona sobre el lugar de las historias travestis, “en un sistema político fascista no hay nada mejor que ser invisible”. “No es la Argentina de Milei, es nuestra Argentina” En El viaje inútil la autora parte recordando cuando su padre le enseño a escribir su primer nombre y luego recorre su vínculo con la familia, actualmente dice que piensa en él y su madre las 24 horas del día.
“Tengo que estar constantemente ocupándome de su salud, de sus recetas, de su medicación”, explica. Como hija única, la responsabilidad recae completamente sobre ella. “Gran parte de mi felicidad está ligada a su bienestar”, afirma.
A partir de la experiencia con sus propios padres, la autora es crítica con la burocracia de los gobiernos en Argentina. “Es terrible lo que pasa siendo viejos en la Argentina, envejecer en un país así debe ser de las peores cosas que te pueden pasar porque es una tierra que vos querés, que lo único que está tratando de hacer es de eliminarte de alguna forma u otra, la burocracia, la falta de educación para con la gente más grande no habla mas de lo que nos espera en el futuro”, explica. Además, sostiene que el maltrato que ha podido observar no se reduce simplemente al gobierno de Javier Milei sino que es “un problema mucho más grande”.
“Desde que asumió Milei los jubilados se pararon todos los miércoles a marchar y no fueron apoyados ni por los universitarios, ni por los trabajadores, salvo la Izquierda Unida no hubo otros partidos que estuvieran ahí con ellos y ellos estuvieron ahí bancándose golpes, gases de crimen o sea, habla de un problema mucho más grande que no tiene que ver con si Milei y tiene o no pañales o si mi ley coge o no coge con la hermana, o cuán ridícula puede ser esta nueva ola fascista sino cómo somos nosotros como país y cuando dicen la Argentina de Milei, no, es nuestra Argentina, es lo que hemos visto las travestis durante años, es que hasta la persona más buena de la sociedad se puede llegar a escupir a la primera de cambios”, sostiene. Su visión del futuro es abiertamente pesimista. No cree en una mejora cercana y vincula el deterioro social con la escasez de recursos.
“Mientras menos agua haya, más gente va a querer exterminar a otra para beber”, advierte. Las preguntas terminan, se corta la grabación de audio, Camila Sosa Villada cuenta que Chile la ha recibido bien, “siempre digo que el vino chileno, es mejor que el argentino, al menos el chardonnay”, menciona. Con la misma voz que al inicio anuncia que la entrevista terminó, el ruido vuelve a la sala y ella se prepara para que llegue otro periodista.