¿Se inscribirá esa diferencia en una mirada constructiva de largo plazo con consensos, enfocada en los intereses del país? ¿O abrirá un ciclo de desmantelamiento de lo logrado hasta ahora? Está por verse si las corrientes más moderadas en el gobierno lograrán hacerle frente a esta amenaza.

Y, por supuesto, como siempre, la voz de los artistas y demás agentes culturales y ciudadanos es fundamental. En el GAM, lo que está en juego no es solo el destino de un edificio. Es el sentido mismo de la política cultural de Chile.

Y eso no se puede reconstruir fácilmente una vez que se destruye.