Entonces surge una pregunta incómoda: si existen vacunas, exámenes y tratamientos garantizados por el sistema de salud, ¿por qué el cáncer cervicouterino sigue siendo un problema relevante? La respuesta no está solo en la biología, sino en las brechas sociales. Muchas mujeres no llegan a tiempo a sus controles por jornadas laborales extensas, falta de información, miedo, experiencias previas negativas o barreras territoriales.

La prevención no depende únicamente de la disponibilidad de prestaciones, sino de la posibilidad real de acceder a ellas. Desde la matronería, esta realidad es cotidiana. La prevención se construye tanto con conocimiento como con condiciones concretas.

La educación en salud sexual y reproductiva, el acceso oportuno a controles y la continuidad de las políticas públicas requieren una mirada sostenida, intersectorial y centrada en las personas. El cáncer cervicouterino es uno de los pocos que el mundo se ha propuesto eliminar como problema de salud pública. Chile tiene las herramientas para avanzar en esa dirección.

El desafío es fortalecerlas con equidad y continuidad. Prevenir a tiempo sigue siendo la diferencia entre llegar tarde o no llegar.