Una de las enfermedades profesionales más silenciosas y crecientes en el país es el cáncer de piel no melanoma. La proyección de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS revelan una tendencia crítica para Chile: la mortalidad por cáncer de piel no melanoma aumentará un 37,1% entre 2022 y 2030. Esta cifra sitúa al cáncer de piel no melanoma como la tercera patología oncológica con mayor incremento proyectado en mortalidad en el país.

Este fenómeno pone el foco directamente sobre la salud ocupacional, ya que gran parte de estos casos se originan por la exposición acumulativa a la radiación UV en entornos laborales. Si bien se suelen asociar los accidentes laborales con caídas o golpes, las enfermedades profesionales de largo plazo, como el cáncer de piel, son igualmente devastadoras. En Chile, debido a las condiciones geográficas y climáticas, miles de trabajadores desempeñan sus funciones bajo niveles críticos de radiación UV durante gran parte del año.

“El cáncer de piel tiene memoria. El daño acumulado durante años de jornada laboral en exteriores es el principal gatillante de carcinomas en la edad adulta. No solo hablamos de agricultores o pescadores; hoy vemos un riesgo elevado en repartidores de delivery, conductores de carga pesada, guías turísticos y personal de mantenimiento municipal que pasan más de 6 horas expuestos al sol de manera directa o indirecta”, señala Isidora King, médico de Clínica IRAM.

En este contexto, se identifican sectores clave donde la vigilancia médica y la prevención deben ser prioritarias: Sector Agrícola y Pesquero: Exposición directa y reflexión de luz en agua. Logística y Transporte: Conductores expuestos a radiación UVA a través de cristales laterales. Construcción y Minería: Exposición al sol potenciada por el efecto rebote en superficies como cemento y metales.

Servicios Urbanos: personal de estacionamientos, barrido de calles y áreas verdes y personal de mantenimiento vial. Es necesario el autocuidado. “El protector solar es solo la última línea de defensa.

Para quienes trabajan al aire libre, la verdadera protección es física: sombreros con cobertura de cuello, ropa con filtro UV y, sobre todo, entender que el sol ‘rebota’ en el cemento y el agua. La clave está en la reaplicación cada dos horas, porque el sudor y el roce eliminan la protección, dejando al trabajador vulnerable en las horas de mayor riesgo”, señala la especialista. Cáncer de piel no melanoma A diferencia del melanoma, que se busca con la regla ABCDE de los lunares, el no melanoma suele presentarse como cambios en la textura de la piel.

Hay que sospechar si aparece: Una protuberancia perlada o brillante: A menudo con vasos sanguíneos pequeños visibles (típico del carcinoma basocelular). Una herida o úlcera que no cicatriza: O que cicatriza y vuelve a abrirse después de unas semanas. Una mancha roja y escamosa: Que se siente áspera al tacto (como lija) y que a veces pica o duele.

Un crecimiento con bordes elevados: Que tiene una depresión o cráter en el centro. Regla de oro para trabajadores: Cualquier “granito”, costra o mancha nueva que dure más de 3 semanas sin desaparecer debe ser evaluada. La prevención, especialmente en contextos laborales expuestos al sol, no solo protege la salud física, sino que también puede marcar la diferencia en la detección temprana y en la disminución de la mortalidad asociada.