Hay un clima, yo diría, de abandonar las cuestiones centrales en la universidad, que son, a mi juicio, el trabajo docente, el trabajo serio de la investigación y el que los medios de comunicación de la Universidad reflejen estos. Yo pienso que la candidatura que se ha levantado por mi parte es la que propone el cambio con más claridad respecto de lo que hemos tenido en los últimos 12 años. Es una candidatura que no es rupturista, no es refundacional; es institucional que quiere, mediante los caminos que la propia universidad ha diseñado, reforzar las cosas en las que tenemos fortaleza y dejar atrás las cuestiones en las que se han mostrado debilidades muy marcadas en este último tiempo.

¿Cuáles son sus propuestas concretas para ir generando este cambio? Hay una cuestión que va a conectar todos estos puntos que es la falta de una voz clara de la Universidad de Chile en el debate público. A veces la rectora reacciona frente a una situación, pero yo no veo que tenga una propuesta que levanta de una manera propositiva, representando lo que le interesa a la universidad.

Fíjese usted que los aranceles de la universidad fueron fijados en el gobierno anterior rebajando en un 7% los aranceles que habían sido fijados cinco años antes respecto de Derecho. Y yo fui a conversar con las autoridades de la universidad y la respuesta de la rectora y la respuesta de la universidad fue: “No, no hay que preocuparse porque la universidad va a recibir otro fondo y vamos a compensar el detrimento que pueda tener la carrera de Derecho”. Y a mí me pareció que eso era enteramente insuficiente, porque nos estaban fijando los aranceles de una manera equivocada, no siguiendo los procedimientos.

Y fui y reclamé y la Subsecretaría de Educación, que rechazó ese reclamo. Y habiendo rechazado ese reclamo, fui –y ahí está pendiente todavía– a la Contraloría General de la República. La rectora, la prorrectora, el vicerrector en ningún momento me acompañaron en esta petición.

¿Me entiende usted que hay un problema ahí? Que hay un problema de defender en verdad la universidad. Lo mismo puedo decir respecto del club de fútbol.

¿Cómo es posible que tengamos un contrato con una persona que la Comisión del Mercado Financiero ha declarado que es una persona que entrega información falsa, que además es una persona que favorece sus propios intereses en vez de favorecer los intereses de todos los accionistas y que le prohíbe ejercer como director y ejecutivo de cualquier sociedad anónima en Chile? Y ese resulta que es nuestra contraparte en el contrato con Azul Azul. Yo digo que tiene que haber una voz más clara y esto no se trata de un espíritu de litigio, de contienda, un espíritu agonal de batalla, sino de defender de verdad y no con eufemismos, con palabrería vacía.

Política y Gobierno Usted participó en el programa Océanos Azules, que estuvo asociado a la campaña de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. ¿Tiene hoy algún vínculo con el Partido Social Cristiano o algún otro partido? No, no tengo ningún vínculo.

Eso fue una experiencia como independiente. También participé con posterioridad en las campañas de Michelle Bachelet como ciudadano. Y yo, como decano, invito a los estudiantes a acercarse a los grupos políticos, a los partidos políticos, a pensar si se viene con ellos algún tipo de militancia.

Es muy importante la política institucional y no hay democracia si no hay partidos políticos. Y yo fui muy honrado de participar en esa campaña. También participé antes en todo lo que fue el esfuerzo de los tratados de libre comercio, de abrir Chile al exterior.

Algunos de esos tratados ahora, en la era de Trump, han sido puestos en duda. Hay otras casas de estudio, universidades donde hay una confesionalidad, hay un cuerpo de ideas más restrictivo que define lo que se espera que las personas piensen, y es legítimo eso también. Pero en el caso de la universidad pública está abierta a todas, todas, dice Andrés Bello, todas las verdades.

Hoy tenemos una situación compleja en Medio Oriente, también tenemos una situación compleja a nivel nacional, por la disconformidad de la gente por decisiones recientes del gobierno, sobre todo en temas presupuestarios. ¿Cree que podría esto ser un caldo de cultivo para posibles manifestaciones dentro de la Universidad? Hay en verdad muchas señales negativas.

¿Cuáles son? Situaciones que tienen que ver con la restricción en el financiamiento, que la ministra declare que va a dejar de financiar algunos programas que son importantes. Y yo creo que hay que darse más tiempo y no pueden ser las dos primeras semanas para tomar decisiones así como si esto fuera una operación matemática.

Hay que analizar en realidad lo que han significado estos programas en la historia de Chile y darnos la oportunidad de tener un debate más abierto. Si alguien cree que de 60 personas –en circunstancias que todos los años se van 200 personas a estudiar afuera– no se han encontrado sus antecedentes es una justificación suficiente para terminar con los programas de posgrado en el extranjero, yo diría que parece una fundamentación débil. El bien que ha hecho que Chile se distinga entre todos los países de Latinoamérica por tener un grupo de personas académicas y profesionales que ha estudiado afuera en algunas de las mejores universidades del mundo es un activo tremendo.

Ha renovado las universidades chilenas y ha hecho muchas cosas muy positivas. Me parece que, al contrario, es positivo lo que dijo ahora el gobierno, que iba a revisar esta decisión. Yo en una entrevista que di comparé algunas de las restricciones que se estaban produciendo respecto de las universidades en Chile, en particular de la facultad que me ha tocado dirigir, con algunas de las medidas que estaba tomando el presidente Trump en el extranjero.

Y ojalá que no nos contaminemos con esas decisiones basadas en la prepotencia, en el voluntarismo, no en la evidencia clara. Yo quiero decir que estoy muy orgulloso de la Universidad de Chile, que un porcentaje tan alto de nuestros estudiantes sean personas que, si no hubiesen tenido la oportunidad que se da, no habrían podido estudiar. Pienso que este argumento que ha dado la ministra de que vamos a dirigir los recursos hacia la educación primaria y ya no podemos financiar la educación universitaria puede ser equivocado.

Tenemos que preparar profesores que sean capaces de enseñarle a esa educación primaria y es ahí donde hemos fallado. ¿Y quién va a preparar a esos profesores? Usted ha declarado estar en contra de las tomas de estudiantes, incluso las ha descrito como micro golpes de Estado.

¿Qué haría para frenar el fenómeno? ¿Cuál sería su protocolo en estos casos? No hay una receta única.

Hay un trabajo de entenderse de manera muy directa con la representación, los representantes estudiantiles, de una manera recurrente. Un diálogo que no es para el día de la toma, porque si se produce solo la conversación el día de la toma quiere decir que es falso. Tiene que ser todos los días sobre las cosas que le interesan a los estudiantes y poner el foco.

Tenemos que estar preocupados de que los estudiantes tengan una sala digna. Hay estudiantes que no tienen —y existen en nuestra facultad y universidad— recursos para almorzar. Y resulta que el subsidio que entrega la Junaeb es bajísimo, es muy bajo, no alcanza para comprar un almuerzo en ninguna parte.

Entonces, queremos realmente hacer justicia, bueno, revisemos cómo se entrega ese recurso. La toma, a mi juicio, es una interrupción violenta, injustificada, que desplaza la verdadera autoridad de las universidades. Me parece que es algo que nos ha hecho un daño enorme, que le hace un daño a los estudiantes más pobres, a los que son de provincia, que es una responsabilidad tremenda y que habla muy mal de la pasión que tenemos por el trabajo universitario.

Y de cómo nosotros como docentes, yo digo, cada vez que hay una toma hay una falla de los profesores, porque no le hemos logrado transmitir el valor de la paz y de los mecanismos institucionales a los estudiantes. Por ocho años aquí en la facultad hemos tenido tranquilidad. El Gobierno de José Antonio Kast ya ha anunciado varios recortes presupuestarios, en caso de que se limitaran los recursos que se le están entregando a la Universidad, ¿por dónde partiría usted recortando internamente?

La Universidad de Chile tiene un presupuesto que construye todos los años con más o menos un 70 u 80% de lo que le pagan las familias por aranceles. O sea, lo que recibe del Estado, el aporte directo, es un porcentaje de, será, un 20 o un 30% y todavía se define como una universidad pública y estatal. Entonces, no me pida que eso que el Estado está dando se recorte todavía más.

Yo pienso que hay mucha burocracia en el Ministerio de Ciencia y Tecnología, en los sistemas de apoyo a la ciencia, en los sistemas que tienen que ver con el Fondecyt, con la ANID. Ahí hay muchas cosas que se pueden mejorar. En el Ministerio de Educación también creo que hay cosas que se pueden revisar, recortar algunos programas, pero no creo que el magro de la universidad que recibe del Estado pueda ser recortado todavía más.

Al contrario, yo estaría por defender el financiamiento que tenemos. Porque la universidad que quiere hacer las cosas bien, que no somos caja registradora, que estamos entre las top tres o cuatro universidades de Latinoamérica y las 50 mejores del mundo, no pueden hacer las cosas como se debe si el Gobierno está haciendo zancadilla, si nos está empujando escalera abajo. Lo que tenemos que hacer es dedicarnos a estudiar, a leer con mucha profundidad para poder competir con las universidades extranjeras, con los mejores libros, los mejores cursos, cursos en otros idiomas, traer profesores extranjeros, visitar universidades extranjeras, tenemos que hacer muchas cosas.

Tiene que haber una estabilidad y una proyección. Ojalá el nuevo presidente y la ministra decidieran: “Mire, por los próximos cuatro años las cosas van a ser así”. Eso daría una certeza, una tranquilidad, y que no estemos todos los meses, todos los años discutiendo como mercachifles.

No podemos estar como si estuviéramos transando una mercancía todos los meses. No somos mercaderes, somos académicos.