"El talento externo se vuelve necesario cuando la empresa quiere ir hacia algo que no sabe cómo hacer. Abrir un canal digital, automatizar operaciones, implementar una estrategia de datos. En esos casos, contratar a alguien que ya lo hizo antes acorta el camino de forma significativa", afirma.

Impacto en productividad y cultura Ambas decisiones también tienen efectos distintos en la dinámica interna de la organización. "Capacitar impacta de forma más lenta, pero más profunda. El equipo aprende, gana confianza, y eso se traduce en menor rotación y mayor compromiso", indica Guzmán.

En contraste, la incorporación de nuevos perfiles puede acelerar resultados, aunque no está exenta de riesgos. "Contratar puede acelerar resultados de forma inmediata e introducir prácticas nuevas que el equipo interno no tenía. Pero también trae un desafío real: integrar a esa persona sin que rompa lo que ya funciona.

La cultura no es algo que se construye solo —se puede perder más rápido de lo que se construyó", advierte. En esa línea, concluye que las pymes más sólidas son aquellas que logran equilibrar ambas estrategias. "A mediano plazo, las pymes más sólidas que vemos son las que lograron ese equilibrio: desarrollaron a su equipo en las capacidades del negocio e incorporaron perfiles que les permitieron dar el siguiente paso.

No apostaron por crecer de la noche a la mañana, apostaron por crecer bien. Que al final es la única forma de crecer de verdad", señaló.