Fue una semana intensa para Carolina Tohá. Cumplió 61 años el martes, y estuvo varios días en radio y televisión hablando del libro La política se metió conmigo, una serie de entrevistas realizadas por el periodista Daniel Hopenhayn, entre enero del 2025 y enero del 2026, donde la ex ministra del Interior recorre su trayectoria política iniciada en los ‘80 y también, de manera inevitable, entra a terrenos personales, más íntimos, dolorosos algunos, que han acompañado su vida. El miércoles presentó el libro en la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, donde el exPresidente Gabriel Boric fue uno de los oradores.
En el público estaba buena parte del gabinete del anterior Gobierno: Álvaro Elizalde, Alberto van Klaveren, Jaime Gajardo, Antonia Urrejola, Álvaro García. Por supuesto también Mario Marcel, pareja de la exministra, quien se paseaba relajado, de chaquetón. Fue uno de los primeros en llegar y se sentó en primera fila.
Tohá, que lució seria casi toda la presentación, cerró el acto con breves palabras de agradecimiento. Dos días después, sentada en el living de su departamento, habla más relajada y más largo, en la única entrevista escrita que decidió dar a propósito del libro. No le gustan, dice.
Pero, aplicada como es, no esquiva ninguna pregunta ni entrar en terrenos personales, como hablar de sus padres, los amores, o su actual relación con Marcel, la cual se nota la tiene contenta. Incluso, sin perder la calma, entra a ese pantanoso territorio del abuso sexual que sufrió entre sus 11 y 13 años, el cual sacó a la luz pública por primera vez con el libro. “Lo que menos quiero es protegerlo” - El libro muestra su construcción como persona, no sólo de la política.
¿Fue difícil instalarse en esa esfera más íntima, que siempre cuida tanto? - Al momento de decidir hacer el libro, la invitación incluía hablar de temas que no son los que habitualmente se tocan en las entrevistas que uno tiene. En segundo lugar, el ejercicio con Daniel Hopenhayn está muy marcado por su habilidad de tocar ciertas teclas y llevar de cierta manera la conversación.
Hay temas a los cuales se llega porque él me hace pensar y hacerme preguntas que no puedo responder sin recorrer ciertas vivencias. Y creo que también fue determinante que yo estaba con una perspectiva de una candidatura presidencial y sabía que eso iba a poner en escrutinio no sólo mis propuestas, sino mi persona. Entonces, hacer esa reflexión más abierta es una manera de decir: “Esta soy yo, así pienso, así me he construido”.
- En el libro habla de México, donde vivió el exilio de 1974 a 1979. Fue un país que le dio luz, pero también sombras: cuenta que allá sufrió abuso sexual. Su confesión tomó por sorpresa incluso a su entrevistador.
¿Por qué decide contarlo? - Porque al explorar esa etapa y dar cuenta de lo que fue México, donde un grupo de personas llegamos con el corazón destrozado y nos llenó de vida de una manera impresionante, me pareció que era un relato totalmente torcido si no daba cuenta de que esto ocurrió a mitad de camino de mi estadía allá. Yo podría haberle dicho a Daniel que no lo pusiera, pero decidimos dejarlo porque para mí ha sido una cosa muy sanadora que este tema sea un tema social del que se habla, que las personas que han vivido algo parecido cuenten su experiencia.
Eso lo saca de la tragedia particular que me pasó a mí y lo pone en un problema compartido de la sociedad. Cuando yo viví esto, este tema literalmente no existía, no se hablaba, ni siquiera sottovoce, por lo tanto lo que yo sentía es que esto que me había pasado, que una persona en la que yo confiaba, que era cercana, que era creíble, que era cariñosa, se había transformado en un monstruo, era una especie de maldición que me perseguía a mí. Ahora me doy cuenta de que hay un número impactante de mujeres que han vivido situaciones similares y las que no lo han vivido han tenido temor de vivirla o se han sentido amenazadas por ella.
Es un problema que compartimos todas las mujeres. "Cuando yo viví esto, este tema literalmente no existía, no se hablaba, ni siquiera sottovoce, por lo tanto lo que yo sentía es que esto que me había pasado, que una persona en la que yo confiaba, que era cercana, que era creíble, que era cariñosa, se había transformado en un monstruo, era una especie de maldición que me perseguía a mí". - Advierte que aún no puede contar mucho ni dar más detalles, porque no quiere afectar a otras personas.
¿A quiénes? ¿gente de su círculo íntimo, su madre? - Ese círculo cercano del entorno que constituíamos con el abusador.
Cuando llegue el momento y lo pueda contar, se va a entender muy bien a qué me refería. Hoy la verdad es que empezar a dar luces provocaría una especie de adivinanza que no creo que sea bueno. - ¿Guardar la identidad del victimario no es una forma, aunque involuntaria, también de protegerlo?
- Lo que menos quiero es protegerlo. - Claro. Sólo digo que es como se puede ver, no lo que usted quiere… - Por supuesto que por proteger yo a terceros, él se ha aventajado de que esto no se conozca públicamente.
Pero bueno, es la ponderación que he hecho en este caso. Si hubiera habido la oportunidad en su momento de hacer una denuncia como corresponde para que se investigara, hubiera sido mucho mejor. Pero dado que no fue así, creo que mi pequeño aporte en esto es ser responsable en el momento en que doy esta información para minimizar el daño de algo que igual es súper dañino.
- La otra opción hubiese sido esperar y contarlo cuando pudiera dar la información completa… - Es que el ejercicio lo hicimos ahora (con el libro). Este ejercicio de contar tu vida, de cómo te fuiste formando, de las cosas que te constituyeron, de tu mirada, de cómo tu historia la fue marcando. Por eso salió ahora; si no, probablemente no lo hubiera contado todavía.
“Nunca sentí vergüenza” - ¿Tuvo posibilidad alguna vez de enfrentar al victimario? - Voy a poder contar todo eso también en detalle después… Me lo encontré un par de veces fuera de Chile. En viajes míos, él me buscaba y yo quedaba paralizada, helada, no lograba hablar.
- ¿Ya era adulta? - Totalmente adulta. Y me quedaba paralizada, tiesa.
Pero logré enfrentarlo en un momento. Ya podré contarlo después… - ¿Pero volvía entonces el terror cada vez que lo veía? - Es algo incomprensible, pero me dicen que es bastante común esta reacción de quedarse helada, paralizada, no tener respuesta.
Ni siquiera logro calificarlo. Es como un síndrome que se apodera de tu cuerpo. "Voy a poder contar todo eso también en detalle después… Me lo encontré un par de veces fuera de Chile.
En viajes míos, él me buscaba y yo quedaba paralizada, helada, no lograba hablar". - Muchas víctimas de abuso dicen que cargan con culpa y vergüenza por lo sucedido. ¿Las sintió también?
- Yo nunca sentí vergüenza. Siempre sentí que la vergüenza estaba del lado de él, pero lo que sí sentí fue culpa. Culpa porque pensaba que si esto lo revelaba iba a dañar a esta persona, que si había consecuencias iba a pagar el pato esta persona o esta otra.
Y eso moduló mucho mi reacción en esos años, porque me sentía culpable de dañar a otros por mi manera de procesar esta situación. La verdad es que uno lo revisa y no tiene ninguna racionalidad, pero así fue. Y creo que así sigue siendo hasta hoy, pese a que en este ámbito hemos tenido una evolución del cielo a la tierra.
Muchas niñas cuando viven situaciones de abuso, modulan su respuesta por el miedo al impacto que eso va a tener en su familia, en la familia del abusador, a cómo va a ser leído en el entorno directo de la víctima. En mi caso, eso fue totalmente determinante de mi comportamiento en ese periodo. - En el libro dice: “Me siento bastante liberada de esta historia”.
Cuenta que la llevaron a una psicóloga. ¿Qué más la ayudó? - Me ayudó mucho que tuve muchos elementos para reflexionar mi relación con los hombres, porque creo que lo que te puede marcar en esto es que tú encapsules toda tu relación con los hombres a partir de esa experiencia.
Pero creo que por el hecho de que tuve una psicóloga en esos años, y que cuando volví a Chile estuve en un colegio que tenía una vocación de fomentar la libertad de pensamiento y la visión crítica, tuve la oportunidad de elaborar, de no quedarme solamente en la parálisis de lo que había vivido. Después cuando crecí, los temas de abusos se empezaron a hablar. Y lo que hace una gran diferencia es cuando te das cuenta de que un problema que te sacudió en términos personales es un problema social, compartido con muchas mujeres.
Deja de ser tu tragedia personal y pasa a ser un problema que compartimos como comunidad, como humanidad diría incluso. Eso no le quita gravedad al problema, pero deja de ser sólo tuyo y eso cambia totalmente cómo uno se para ante esa cuestión. Cuando tú sientes que algo que te pasó a ti es un dolor compartido con otros, no estás tan sola con tu dolor.
No estás en un rincón de la sociedad, estás en el medio de la sociedad. “Mario ha sido una pareja distinta a las anteriores” - Otro tema personal que aborda en el libro son los amores. Dice: “Casi siempre busqué parejas radicalmente distintas a mí”.
¿Por qué? - Dejémoselo a los psicólogos. Yo no sé.
Yo llego hasta a contar que así fue. Creo que ahí hay algo como de reafirmación de independencia, de reafirmación de libertad, de rebelarte contra los moldes que te dicen “tú tienes que estar aquí, tu grupo de referencia es este”. Eso siempre me pareció aburrido.
No me pasaba sólo en los amores. Cuando era chica tenía grupos de amigos incompatibles entre ellos y se armaban peleas en mis cumpleaños. - Dice también: “He tenido una madre que ha estado en rebeldía contra mis parejas de manera sistemática, por décadas”.
¿Cuál era la queja de ella? - No, ella no se quejaba. Ella no decía nada, pero se le notaba por todos lados; era evidente.
Siempre hubo una tensión tremenda. Ahora, finalmente está fascinada con Mario Marcel, pero pucha que nos demoramos en llegar a puerto. - Mario Marcel venció la rebeldía de su madre… - Es que creo que Mario ha sido una pareja bien distinta a todas las anteriores.
Finalmente me encontré con una persona muy distinta de personalidad, pero de mundos más o menos parecidos. Entonces, bueno, creo que hemos dado por superado el capítulo de la pareja disruptiva. "Mario ha sido una pareja bien distinta a todas las anteriores.
Finalmente me encontré con una persona muy distinta de personalidad, pero de mundos más o menos parecidos. Entonces, bueno, creo que hemos dado por superado el capítulo de la pareja disruptiva". - Ustedes comenzaron su relación siendo ministros del gobierno de Boric.
Además en carteras importantes: Interior y Hacienda. ¿Nunca los complicó? - O sea, era la condición que teníamos, ¿no?
Y obviamente que eso le ponía una complejidad adicional al tema. Pero bueno, hubo que aceptar que ése era el contexto y eso obviamente puso limitaciones también a la manera en que lo fuimos contando; no queríamos que se transformara en un tema político, pero tampoco queríamos tener una cosa escondida. Lo fuimos abriendo y mucha gente sabía, pero sin transformarlo en algo que escalara.
- Hubo críticas de que debieron transparentarlo antes, incluso que alguno debió dar un paso al costado. ¿Los afectaba? - O sea, fueron temas que se conversaron.
Lógico. Y primero nos preocupamos de despejar que esto no tuviera complejidades en nuestros cargos, y lo despejamos completamente. Hicimos las consultas del caso.
Y después también estuvo la decisión de vivir esto como una relación privada y no generar un ruido que no tenía que ver con nuestro rol. - Ni que se convirtiera en parte de la agenda del Gobierno. - Si alguien se pone a buscar si esto fue un problema en nuestro rol de ministros, no va a encontrar nada.
Y tampoco se transformó en un tema de opinión pública. - Si hubiesen sido otros, y no ustedes, los ministros que estaban en una relación, ¿cuál hubiese sido su opinión dentro del gabinete? - Que si no interviene en el trabajo, es problema de ellos.
- En el libro dice que sus relaciones anteriores “no daban para toda la vida”. ¿La actual sí? - Me gustaría.
Ahora, creo que decir que (las relaciones anteriores) fueron buenos momentos, pero no daban para toda la vida, se refiere a que cuando una relación termina no quiere decir que fracasó. Duró un tiempo, te permitió compartir una etapa de la vida. Fue lo que en ese momento podían hacer juntas esas personas.
- Una duda: que el álbum fotográfico al final del libro cierre con una imagen suya bailando con Mario Marcel, ¿es un guiño? - Pensamos distintas fotos de cierre, la verdad. Y esa nos pareció que estaba bien.
Porque además arriba de esa foto hay otra con la casa original de mi abuelo paterno en Suterranya. Entonces como con Mario tenemos una historia común con Barcelona, ya que su familia también viene de Cataluña, hay un guiño a esa parte de nuestros orígenes. - En el libro navega la relación con su padre, el ex ministro José Tohá (cuya muerte, en 1974, es investigada por la justicia como asesinato).
Si bien ya ha contado antes de su relación con él, ¿hacerlo de nuevo aún le causa dolor, aún se quiebra? - Un dolor como ese es algo que te acompaña siempre, está ahí aunque no estés hablando del tema. Es parte de las cosas que te que te han formado, que te constituyen como persona.
¿Pero sabes qué? trato siempre de pensar que todas las personas vivimos con quiebres en la espalda, de distinto tipo; y que el ejercicio de trabajar con tus pérdidas y tus dolores y seguir adelante es algo que todos los seres humanos hacemos. Lo que te da una vida buena o te conecta con la posibilidad de tener paz o felicidad no es el inventario de los dolores que tuviste, sino qué hiciste con ellos.
- Hay páginas dedicadas a su madre, Moy de Tohá, que está viva y fue al lanzamiento del libro. Entre líneas se lee en el libro que han tenido una permanente relación de tira y afloja, ¿no? - Sí.
Las relaciones madre-hija son un mundo. Es un tira y afloja por lado y lado. Yo de niña fui muy bien portada, buena alumna, no daba mucho trabajo; y por eso me hice muy autónoma también.
Eso hizo que cuando crecí, ejercí esa autonomía plenamente y ahí mi mamá trató como de recoger cañuela. Pero a esa altura yo ya estaba muy a caballo de mi vida. Mi mamá trataba de ejercer una supervisión, un control que yo no permitía.
Hasta que llega un momento en los padres renuncian a eso. Pero debo decir que el otro día estuve de cumpleaños y mi mamá estuvo tratando de controlar hasta el último minuto, que con quién iba a comer, qué iba a comer. -Dice en el libro que en los próximos años le gustaría dedicarse al tema de la seguridad, materia que trabajó como ministra.
¿En qué está pensando ahora? -Me he convencido, después de la experiencia en el ministerio, que en la región latinoamericana la seguridad es un pilar de cualquier proyecto de desarrollo. Y que haya, a propósito de algo tan importante, una visión progresista, democrática y seria fundada en evidencia es un deber.
Y a mí me gustaría aportar a eso. Estoy en varias ideas al respecto, proyectos que se están armando. Chile por mucho tiempo, en los temas de seguridad, tuvo una especie de aislamiento del contexto latinoamericano, pero eso se terminó.
Ya no nos podemos desentender de lo que pasa más allá de nuestras fronteras, nos afecta y nos va a seguir afectando, por más que se hagan zanjas o se levanten muros. No nos podemos operar del mundo que tenemos alrededor. -También dice que le gustaría dedicarse al debate de un nuevo progresismo… -Sí.
Tiene que ver con preguntas que no se llevan bien con la exigencia electoral o programática, porque esto no tiene nada que ver con tener un programa para las elecciones. Creo que lo que está faltando hace mucho tiempo es una reflexión estratégica del progresismo: cómo uno se imagina una democracia más robusta en una sociedad como esta, con la lógica de las redes sociales, con la desidentificación colectiva de la gente; cómo uno se imagina un proyecto de sociedad con un capitalismo como el que nos está acompañando y nos toca vivir; cómo nos gustaría encontrar una oferta a la sociedad de construcción de igualdad que se haga cargo al mismo tiempo de que las personas tienen una gran valoración de su identidad individual y quieren que el mérito se valore… Son preguntas de proyecto político. -¿Se animaría a una nueva aventura presidencial?
-No estoy en ese proyecto, ni siquiera me lo he planteado. Son conversaciones que habrán después. Lo que sí me gustaría, independiente de cómo resolvamos esa conversación, es aportar a que en la próxima elección presidencial haya una propuesta progresista moderna, renovada, que le podamos presentar a la ciudadanía y que ese sea la mejor alternativa para los cuatro años que vengan.