Muy queridos hermanos y hermanas: Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados; una mujer que, siendo joven tiene la reflexión de una anciana, y en la vejez, trabaja con el vigor de la juventud; la mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruida se acomoda a la simplicidad de los niños; una mujer que siendo rica, daría con gusto su tesoro para no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud; una mujer que siendo débil se reviste a veces con la bravura del león; una mujer que mientras vive no la sabemos estimar porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero que después de muerta, daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus latidos. De esa mujer no me exija el nombre si no quieres que empape de lágrimas nuestro álbum, porque yo la vi pasar en mi camino. Cuando crezcan los hijos, léanles esta página, y ellos, cubriendo de besos su frente, les dirán que un humilde viajero, en pago del suntuoso hospedaje recibido, ha dejado aquí para nosotros y para ellos, un boceto del Retrato de su madre.

(Monseñor Ramón Ángel Jara) Al celebrar el Día de la Madre, quise recordar este bello poema que escribió un obispo, Monseñor Ramón Ángel Jara. Lo escribió cuando visitó a una familia en Buenos Aires y les dejó un recuerdo en el libro de la familia: este hermoso escrito que dice tantas verdades, con la fuerza y la hermosura que tienen las palabras. ¿Cómo, entonces, no acordarnos de este escrito cuando saludamos, con cariño y agradecimiento, a cada una de ustedes, mamás, mujeres que tienen algo de Dios —como dice el poema— por la inmensidad de su amor?

Dios es amor, nos dice San Juan, y eso lo vive plenamente la mujer que es madre. Esa mujer que también, por sus cuidados y por su preocupación por los demás, es como un ángel. Ya lo dice la Palabra de Dios: que mandará a sus ángeles para que les cuiden en sus caminos.

Pues bien, tú, que eres mamá y cuidas a los tuyos, sin duda tienes mucho de ángel. El poema nos habla de esa fortaleza, de la cercanía de esa mujer para con los suyos; de esa mujer que es capaz de hacerse niña con los niños y que tiene fuerza para defender con la bravura de un león. Sin duda, todos nosotros tenemos muchos motivos para agradecer a nuestras madres y, hoy día, con cariño las saludamos.

Quienes las tenemos, sin duda procuraremos estar cerca de ellas; y quienes no la tienen, la recordarán con cariño, con agradecimiento a Dios, y elevarán una plegaria por el descanso eterno de su alma. Que todas las mamás, entonces, puedan sentir en este día —y no solo en este día, sino siempre— el cariño, la cercanía y el apoyo de los suyos. ¡Es tanto lo que de ustedes hemos recibido!

Hemos recibido el don de la vida; ustedes nos han amamantado, nos han guiado, nos han acompañado siempre, han sabido estar cuando sus hijos las necesitan… Hay tanto que agradecer y tanto que admirar de esa vocación que recibiste como mujer al ser madre. Tan importante es la madre en la vida de todas las personas, que el mismo Dios, cuando se hizo hombre, quiso tener la suya: la Virgen Santa, a quien tanto queremos y que también es madre de cada uno de nosotros. Que este día pueda ser un hermoso encuentro y una oportunidad para que las familias se reúnan y, si somos creyentes, podamos elevar una plegaria por aquella mujer que hemos recibido como un gran don, como un gran regalo de Dios; y que pueda existir el compromiso de saber acompañarlas y cuidarlas como un gran tesoro que se nos ha confiado.

Que cada mujer que es madre pueda sentir el cariño de los suyos y el respeto de toda una sociedad, porque ustedes, mamás, han estado ahí dando vida, cuidando la vida, animando la vida con su palabra, con su entrega generosa, con su alegría, con su entusiasmo, con su fortaleza, con su paciencia, con esa gran capacidad de amar, porque son precisamente muy parecidas a Dios en eso. Encomendamos a todas las mamás al Señor, para que Él las bendiga, las guarde, les muestre su rostro y les conceda la paz. Gracias por tanto amor que nos han entregado.

Que Dios les bendiga.