El auge del matcha en Chile —En términos de mercado, ¿la venta de matcha se ha transformado en un negocio rentable en Chile? ¿Qué tipo de público es el que más lo consume? —El mercado todavía es pequeño si lo comparamos con otras bebidas, pero está creciendo rápidamente y sí puede ser rentable cuando se trabaja con productos de buena calidad y educación del consumidor.
El público suele ser principalmente adultos entre 20 y 40 años, muy ligado a estilos de vida saludables, la cultura del café de especialidad y personas interesadas en bienestar o alimentación consciente. También vemos mucho interés en consumidores que buscan alternativas más naturales de energía para el día a día. —En los últimos años también ha crecido el consumo de mate en el país.
¿Creen que el matcha podría llegar a equipararse a ese fenómeno o todavía se trata de nichos distintos? —Creo que son fenómenos distintos. El mate tiene una historia cultural muy fuerte en Sudamérica y está asociado a hábitos sociales muy arraigados.
El matcha, en cambio, viene desde una tradición japonesa y hoy está más ligado a la cultura del café de especialidad, la gastronomía y el bienestar. Probablemente ambos seguirán creciendo, pero desde lugares culturales diferentes. —¿Considera que está comenzando a masificarse el consumo de matcha en Chile?
—Diría que está en una etapa intermedia. Sigue siendo un producto relativamente de nicho si lo comparamos con el café o el té tradicional, pero claramente está saliendo de ese espacio. Hoy ya es bastante común encontrar matcha latte en cafeterías o productos con matcha en pastelería, algo que hace cinco o seis años era muy raro en Chile.
—¿Cómo influye el precio del matcha, que suele ser más alto que otros tipos de té, en su expansión en Chile? —El precio sí es un factor, porque producir matcha de calidad es un proceso bastante complejo y artesanal. Las hojas se cultivan a la sombra durante semanas y luego se muelen en molinos de piedra, lo que limita mucho la producción.
Pero también es parte de su posicionamiento como producto premium. Muchos consumidores lo ven como una experiencia distinta, más que como una bebida cotidiana. —¿Cree que el matcha llegó para quedarse en la cultura de consumo local o lo ven más como una tendencia pasajera?
—Todo indica que llegó para quedarse. No creo que vaya a reemplazar a otras bebidas tradicionales, pero sí que se va a consolidar como una categoría propia, algo parecido a lo que ocurrió con el café de especialidad hace algunos años.