¿Por qué es tan importante resguardar el patrimonio? R: El patrimonio como definición es el legado de lo que recibimos de nuestros antepasados. Lo que consideramos que es importante hoy en día no es un tema de nostalgia, el patrimonio es lo que nos define, es nuestra esencia y nuestra alma.
Y eso tiene que ver con aspectos materiales y no materiales. Lo material puede ser, por ejemplo, una casa antigua que da una identidad y tiene un valor arquitectónico que representa a la comunidad. Pero también puede ser el canto, oraciones o relatos que hemos recibido de nuestros antepasados, especialmente desde un aspecto religioso.
Esto es fundamental, porque en el mundo que vivimos, cuando hay tanta globalización y guerra, es importante sentirnos parte de una comunidad, estar arraigados y tener una identidad. En ese sentido, el patrimonio es clave. Si las personas no tienen un sentido de pertenencia a su territorio y a su gente, van a estar haciendo mucho daño.
Este concepto es muy relevante para lograr la cohesión social, que no refiere a una sola identidad, sino a una diversidad. Si el patrimonio está asociado a la arquitectura, las creencias y el léxico ¿Por qué el terremoto de 1960 también se considera dentro de este concepto? R: Porque para la zona sur-austral el terremoto marca un antes y un después, por eso el título de la conversación es “22 de mayo, el día en que todo cambió”.
Hay que recordar que, de los terremotos registrados con los métodos científicos actuales, el más grande que hubo en la historia de la humanidad fue el terremoto de 1960. Esto ya que cambió la configuración del mapa, porque en muchas partes el terreno se hundió dos metros. En Puerto Varas hubo varios sectores donde se vio esto, no fue un movimiento menor.
Pero también, al mismo tiempo, se produjo una gran ayuda norteamericana que fue muy sorprendente para la zona, porque la gente acá era muy pobre, Chile era muy distinto en esos años. Entonces llegaron muchos productos que la gente no conocía, como el chocolate de calidad, ropa y muchos otros elementos. Esa es la hipótesis que quiero compartir en la charla: como fue algo masivo, algo que compartieron ricos, pobres, chilotes, alemanes e indígenas, se produjo un quiebre en la forma tradicional de ver el mundo.
Hay que recordar que esta zona, especialmente en la provincia de Llanquihue, Osorno y Valdivia, era muy conservadora, ya que el control de la propiedad era muy fuerte. Por lo tanto, este quiebre significó un gran cuestionamiento para mucha gente, en muchos aspectos. Hubo cambios muy importantes en el plano geográfico, demográfico, social y político en Chile.
Continuando con la conversación, Fábrega asegura que el “sesgo santiaguino” influyó mucho en la “poca” popularidad que este evento ha tenido, especialmente a nivel nacional. Recordemos que nos estamos refiriendo al terremoto más catastrófico en la historia moderna de este planeta, pero como no afectó directamente a la capital, la experiencia y el relato no alcanzó la relevancia que se merece. ¿Cuáles crees tú que son los principales lineamientos que existen en la memoria colectiva del sur de Chile respecto al por qué este episodio es tan importante en nuestra historia?
R: Lo que pasa es que desgraciadamente los programas del Ministerio de Educación hasta la actualidad están centrados en la historia de Santiago y su élite. Sumado a la historia de Francia, España, Estados Unidos e Inglaterra. Pero las historias de barrio, de nuestra ciudad, de nuestras familias y nuestra comunidad, no son temas.
Por lo tanto, cuando queremos impulsar estos relatos se vuelve complejo, porque no está evaluado por los Simce o por las evaluaciones de acceso a la universidad. Es decir, en la práctica no importan. ¿Cómo crees tú que las nuevas generaciones dialogan con este episodio?
R: Para ellos es muy lejano, porque hoy en día solo tienen ejercicios de simulación de terremotos, lo cual no es malo. Pero efectivamente no hay mayor diálogo con este tema en particular, se ve como algo anecdótico que ocurrió hace mucho tiempo y que no afecta. Sin embargo, creo que es fundamental abordar esto con los más jóvenes, no solo para “asustarlos”, sino también para hacerse cargo de las zonas de proximidad, es decir, los estudiantes tienen que saber cuáles son las zonas más riesgosas de deslizamiento de tierras, terremotos y maremotos, con la idea de que conozcan las experiencias de sus antepasados y estén preparados cuando vuelva a ocurrir algo similar.
Hay que recordar que para el terremoto y maremoto de 2010 murieron cientos de personas porque la autoridad dijo una cosa y en la práctica estaba sucediendo otra, y si hubiesen tenido la experiencia previa, seguramente se hubieran salvado. La imagen del terremoto de 1960 se centra mucho en Valdivia, pero la catástrofe causó estragos en muchas zonas del sur de Chile ¿Cuáles fueron las consecuencias que sufrieron ciudades como Puerto Varas o Puerto Montt? R: Ese va a ser uno de los énfasis en la conversación.
Tengo bastantes fotos de las consecuencias del terremoto en sectores como Río Negro, Osorno o Quenuir, donde literalmente desapareció todo el pueblo. En Ancud también desapareció un barrio completo. El mal llamado “terremoto de Valdivia” afectó profundamente a muchos sectores desde la Araucanía hasta Aysén.
Se entiende que le llamen así, porque en la época Valdivia era la ciudad más grande de la zona, pero el terremoto abarcó mucho más. Pablo también enfatizó en la importancia de la memoria colectiva, en la idea de que este no fue un suceso aislado, sino un episodio que se vivió en comunidad, un momento que no discriminó por estructuras sociales, poder económico ni razones estéticas. Desde ahí, el historiador destaca el trabajo de valorizar y aprender de este tipo de experiencias a través de los espacios de reflexión y preservación del patrimonio.
Los desastres naturales son una constante en Chile, especialmente en el sur ¿Qué elementos buscas rescatar o problematizar en tu charla? Considerando la alta probabilidad de que se repita un episodio de estas características R: Que nos hagamos conscientes del territorio en que vivimos. Por gracia o desgracia, el internet ha hecho que las generaciones más jóvenes estén más conectadas con problemáticas de otros lugares.
Si bien eso es muy legítimo, es importante que se den cuenta dónde, cuándo y con quién están viviendo, preguntarse cómo se van a enfrentar a situaciones que, estoy seguro que en algún momento todos vamos a vivir. ¿Crees que los espacios culturales como el CAMM son importantes para la creación de este tipo de espacios? R: Creo que el Centro de Arte Molino Machmar ha hecho un trabajo extraordinario para generar algo más allá de una agenda artística, sino que también es un gran espacio para poder encontrarnos, para poder apoyarnos y compartir nuestras visiones que son legítimas y distintas.
Además de poder construir en comunidad los elementos que nos hacen falta, para después plasmarlo en algún tipo de publicación. Para mí es importante, en mi calidad de profesor, poder llegar con estos testimonios y procedimientos de contexto a los establecimientos educacionales, comunidades, universidades y juntas de vecinos. El CAMM es muy importante, porque tiene el espacio y un gran equipo de profesionales, por eso creo que es vital esta oportunidad de comunicación, para poder hacer redes con estas organizaciones, y que finalmente esto repercuta positivamente.