Una clara brecha entre el interés por aprender y la frecuencia real con que las organizaciones tienden a capacitar a sus equipos pareciera existir en el mercado laboral nacional como en el de otros países de América Latina. Esta es una de las principales conclusiones del estudio Pulso Capacitación y Aprendizaje 2026, que elaboró Rankmi sobre la base de más de 7. 600 respuestas de trabajadores en Chile, México y Perú durante abril de este año.

De acuerdo con el sondeo realizado por esta empresa que desarrolló un software de gestión de personas y recursos humanos (RRHH) en la nube -diseñada para automatizar procesos administrativos y de desarrollo organizacional en Latinoamérica-, la capacitación es un aspecto altamente valorado por los trabajadores. Decidor, en una escala de 1 a 10, obtuvo una valoración promedio de 9,53 entre los consultados, y casi un 90% calificó este aspecto con notas entre 9 y 10. En Chile, la cifra llegó a 9,1.

“A nivel regional, la valoración de la capacitación alcanza un techo casi absoluto”, expone el documento, y agrega que hoy el desafío para las áreas de recursos humanos no pasa por convencer a las personas de aprender, sino por responder a esas expectativas con programas efectivos y frecuentes. Sin embargo, el alto interés no necesariamente se traduce en algo práctico. Solo un 37,3% de los trabajadores dice que se capacita mensualmente, mientras que un 17,7% lo hace apenas una vez al año y un 7,9% reconoce que nunca recibe formación laboral.

9,1 es la nota de valoración que los trabajadores chilenos le dieron a la capacitación. “El estudio revela una tensión fundamental entre el deseo declarado y la experiencia real que viven las personas”, plantea el informe. La brecha es especialmente pronunciada en Chile.

Prueba de ello es que el 30,2% de los trabajadores chilenos se capacita de forma mensual, la cifra más baja de Latinoamérica. A esto se suma que el 22,5% lo hace apenas una vez al año, la proporción más alta de la región en ese tramo. Además, el 9,7% declara no capacitarse nunca.

En la otra vereda, Perú lidera la constancia formativa con un 42,1% de capacitación mensual, y un trabajador en México tiene 1,8 veces más probabilidades de contar con un mentor que lo capacite que uno en Chile. ¿A qué se debe la diferencia? Desde Rankmi identificaron tres factores que explican la brecha observada entre países.

El primero dice relación con que en el país existe una cultura de capacitación anclada al modelo de franquicia tributaria, centrado en cursos largos y anuales que limitan la agilidad. “Esos son los modelos que principalmente se aplican en la franquicia Sence. Son cursos más bien largos, didácticos, teóricos y que, en algunas oportunidades, pueden no estar necesariamente tan alineados con las necesidades de un mercado laboral que cada vez avanza más rápido y que requiere el desarrollo de nuevas habilidades”, señaló el cofundador de Rankmi, Felipe Cuadra.

El segundo es la baja adopción de formatos más modernos, tendencia que los datos del sondeo confirman: los más utilizados siguen siendo los cursos online internos (51,9%), los presenciales (43,5%) y el autoaprendizaje (28,5%), mientras que metodologías como microaprendizaje, gamificación o aprendizaje en la práctica no superan el 20% de adopción. El tercero es una menor exposición a modelos de aprendizaje como el mentoring. Esto, para Cuadra, refuerza la necesidad de avanzar en un modelo de capacitación con “un enfoque más flexible, más anclado a los aprendizajes tempranos, en las personas jóvenes, en las personas que se están integrando, que son precisamente las que están más desafiadas por la nueva tecnología y por la automatización, podría ser más eficiente, pero vemos mucho espacio de mejora en lo que está pasando con la capacitación en nuestro país”, dijo.

48,1% de los trabajadores de la generación Z se capacita mensualmente. Los otros hallazgos El informe también detectó diferencias relevantes según edad y género. La Generación Z aparece como el segmento más activo en capacitación: un 48,1% se capacita mensualmente, cifra que supera en 18 puntos porcentuales a los baby boomers.

Dentro de ese grupo, las mujeres Gen Z muestran el comportamiento más intensivo, con un 51,2% capacitándose cada mes y una fuerte inclinación hacia el autoaprendizaje. En términos generales, las mujeres también valoran más la capacitación que los hombres, con notas promedio de 9,4 versus 9,0. Según el estudio, ellas perciben la formación como una herramienta más crítica para avanzar en equidad laboral.

Otro de los hallazgos apunta a que las empresas siguen privilegiando formatos tradicionales de capacitación. Los cursos online internos lideran las preferencias de los trabajadores con un 51,9%, seguidos por cursos presenciales (43,5%) y el autoaprendizaje (28,5%).