La evidencia científica respalda esta transición hacia una escuela más activa. El sedentarismo y la “recreos silenciosos” frente a pantallas han elevado los índices de obesidad y sobrepeso en la población escolar chilena. La nueva legislación se alinea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que vincula el movimiento diario con mejoras en la salud cardiovascular y, fundamentalmente, en funciones cognitivas como la memoria de trabajo y la regulación emocional.

Para que la hora de ejercicio sea efectiva, Giakoni sostiene que es imperativo “liberar” la atención de los estudiantes. Al limitar el celular, el patio recobra su función social y física. Experiencias piloto demuestran que, sin la distracción digital, los alumnos participan en juegos informales y aumentan su actividad física espontánea.

El experto enfatiza que el aprendizaje no solo ocurre en el escritorio, sino que el movimiento potencia directamente el rendimiento académico. El desafío inmediato para las instituciones educativas radica en la implementación técnica. El cumplimiento de la normativa exigirá mejoras en infraestructura, formación docente y una dosis de creatividad pedagógica para integrar el deporte más allá de la clase de Educación Física tradicional.

Esta doble ley representa un cambio cultural que busca posicionar a la escuela como un espacio donde el cuerpo y la interacción social vuelven a ser protagonistas.