Es claro que Chile ha dejado de ser solamente un país minero para transformarse en una verdadera potencia minera. Esta realidad debe ser asumida por el Estado y el sector privado para orientar la riqueza hacia el capital humano y el progreso nacional. El Gobierno del Presidente Kast tiene prioridades claras para fortalecer y proyectar la minería pensando en los próximos 50 años.

Primero, necesitamos atraer inversión para asumir este rol de potencia. Requerimos capital nacional y extranjero para explorar nuevas reservas y expandir la capacidad productiva. El objetivo de nuestro Gobierno es el de generar un ecosistema de permisos y reglas tributarias que vuelva a hacer atractivo apostar por Chile, con certezas, estabilidad e incentivos.

Debemos anticiparnos ahora a los ciclos económicos que demandarán cobre, litio y tierras raras, con una institucionalidad a la altura del desafío de desatar la inversión y de facilitar la iniciativa privada, poniéndola al servicio del país. En segundo lugar, es clave mantener los altos estándares medioambientales y de seguridad que sitúan a la minería chilena a la vanguardia. La industria nacional destaca por el uso eficiente del agua y la incorporación de electromovilidad y energías renovables, superando muchas veces las exigencias legales.

Al mismo tiempo, lideramos en la protección de la salud y vida de los trabajadores. El Estado, por su parte, tiene también desafíos pendientes. Queremos avanzar en una modernización real del gobierno corporativo de ENAMI, mejorar los estándares de gestión y transformarla en un auténtico puntal de promoción de la pequeña y mediana minería.

Codelco, por su parte, tiene importantes desafíos en materia de gestión, administración financiera y seguridad para sus trabajadores. Ambas empresas deben ser un referente en gestión, seguridad y buena relación con sus comunidades, lo que exige mejoras en su administración y finanzas. Sin ello, el potencial minero no se desatara por completo.

El objetivo final es poner la minería al servicio de las personas y sus familias. Donde existe minería, se genera un círculo virtuoso de progreso: empleos de calidad con beneficios que elevan la vida de las familias y una robusta red de proveedores y servicios asociados, que hoy deben proyectarse internacionalmente y que son fuente de trabajo para cientos de miles de chilenos. En ese sentido, es imprescindible renovar el capital humano, dando mejor instrucción y herramientas a los trabajadores mineros para insertarse en los nuevos desafíos de la industria.

El progreso social que genera la minería debe reflejarse especialmente en las regiones y comunas del norte, donde el aporte económico de la minería no solo se traduce en riqueza y empleo, sino también en inversión social que debe llegar a todos los habitantes con un buen uso de los recursos públicos que dependen de la minería. La minería chilena debe ser un motivo de orgullo para nuestro país, y un motor de progreso social para el futuro de Chile. Su impacto debe notarse en cada localidad, comuna y región donde existe minería, y extenderse a todas las regiones del país.

Chile puede más, y el Gobierno del Presidente Kast trabajará con determinación para consolidar a Chile como una potencia minera a nivel mundial.