Entre ambos, ostentan hoy la titularidad del 100 % de Riot Games (creadores del imbatible ‘League of Legends’, ‘Valorant’ o la serie de Netflix ‘Arcane’) y controlan grandes porciones de Supercell, además de mantener participaciones vitales en pilares del sector de la talla de Epic Games (a quienes debemos ‘Fortnite’), FromSoftware y Ubisoft. La diplomacia de una mentalidad cambiante. Pero, para llegar a este punto, China ha tenido que sufrir una transformación cultural en su interior.
La relación entre Pekín y la industria del ocio digital ha sido, históricamente, un tanto espinosa. Hace apenas dos décadas, los videojuegos eran calificados como “opio espiritual” y el sector estaba lleno de restricciones. No obstante, el pragmatismo ha terminado por imponerse.
La innegable potencia económica de la industria ha hecho que el videojuego haya dejado de ser el enemigo para convertirse en el embajador ideal con el que exportar la tradición china hacia un Occidente hambriento de cultura oriental. Un caso paradigmático de este respaldo institucional lo documentó la propia Administración Estatal de Impuestos de China al detallar su apoyo a Game Science con una deducción fiscal adicional de 28 millones de yuanes (3,96 millones de dólares). Otro ejemplo de esta sinergia es ‘Wuchang: Fallen Feathers’.
El gobierno provincial de Sichuan, en el suroeste chino, permitió a los desarrolladores el acceso directo para el escaneo tridimensional de vestigios reales, desde reliquias culturales hasta pagodas centenarias y paisajes naturales, todo para lograr el mayor realismo posible en las representaciones del juego. Sin embargo, detrás de este ascenso vertiginoso en la jerarquía mundial del “gaming” hay una realidad laboral sumergida que ha despertado las alarmas. La capacidad de la industria china para facturar productos de técnica impecable con presupuestos muy inferiores a los estándares occidentales tiene un coste humano innegable: la draconiana “cultura 996”.
Bajo este severo régimen, el reloj marca el ritmo de vida: de 9 de la mañana a 9 de la noche, durante 6 días a la semana. Unas jornadas maratonianas de 72 horas que, aunque fueron señaladas en 2021 por el Tribunal Supremo Popular de China como una violación flagrante de la ley laboral nacional, siguen latentes en la sombra. Pero a pesar de este controvertido reverso, el horizonte de 2026 se dibuja ya como el escenario de una consolidación definitiva de China en el mercado global, alternando superproducciones Triple A con nuevas fórmulas de éxito que aspiran a repetir la hazaña de ‘Black Myth: Wukong’.
En este calendario de estrenos, nombres propios como ‘Phantom Blade Zero’, ‘Blood Message’, ‘Loulan: The Cursed Sand’, ‘Tides of Annihilations’ o ‘Black Myth: Zhong Kui’ asoman con una ambición renovada. La realidad es que la brújula del sector ya no apunta únicamente hacia el asfalto de California o los neones de Tokio. El eje de coordenadas financieras y creativas se ha desplazado.
China ha encendido su consola y, en esta nueva era, el mundo entero tiene ganas de jugar con sus reglas. Por Nora Cifuentes. EFE / Reportajes.