Señor director: Recientemente conmemoramos el Día Internacional de la Ciencia y la Tecnología, una fecha establecida en honor al nacimiento del Dr. Bernardo Houssay, el primer latinoamericano en recibir un Nobel de Medicina. Más allá de la efeméride, este día nos invita a levantar la mirada del dispositivo móvil y preguntarnos: ¿Qué rol está jugando Chile en la arquitectura del mañana?

Vivimos en una era donde la tecnología ya no es solo una herramienta, sino el lenguaje en que se escribe la realidad. Desde la Inteligencia Artificial que optimiza nuestras rutas, hasta la biotecnología que busca soluciones al cambio climático, la ciencia responde a preguntas que recién comenzamos a formular. En Chile existe una paradoja fascinante.

Contamos con cielos privilegiados para la astronomía, laboratorios naturales únicos en la Antártica y un ecosistema tecnológico en crecimiento. Sin embargo, el desafío sigue siendo la integración. No basta con consumir tecnología; el salto ocurre cuando creamos y adaptamos soluciones locales a problemas globales.

Como académico, veo a diario que el talento está, pero la brecha digital y el acceso al conocimiento avanzado siguen siendo barreras. La ciencia no debe ser un privilegio, sino un pilar en la formación ciudadana. Comprender un algoritmo o valorar la evidencia científica es hoy una forma de ejercicio democrático.

No se trata solo de celebrar logros, sino reafirmar el compromiso con la inversión en I+D. No innovar cuesta más que investigar. Chile tiene la oportunidad de liderar en hidrógeno verde y ética de la IA, pero esto exige una visión de Estado que trascienda ciclos políticos.

La ciencia es, en esencia, un acto de fe en la curiosidad humana. Sigamos empujando los límites, porque cada descubrimiento construye el bienestar del mañana. Rolando de la Cruz, PhD.

académico Facultad de Ingeniería y Ciencias Universidad Adolfo Ibáñez.