En medio de tanta violencia, destrucción y muerte que los señores de la guerra (Trump, Putin, Netanyahu y tantos otros) están sembrando por el mundo, vale la pena mirar nuestro planeta desde el espacio en las imágenes que envían los astronautas de la misión Artemis, porque se produce un cambio de perspectiva: la Tierra aparece pequeña, frágil, sin divisiones ni fronteras, aparece como la casa de todos y como una responsabilidad compartida. Es una mirada que nos abre a la grandeza del universo creado por Dios y a la noble misión del ser humano, la cual está más allá de toda la tecnología que hace posible estos viajes maravillosos. En esta ocasión, antes de entrar en el silencio de las comunicaciones al pasar por el lado oculto de la luna, el astronauta Víctor Glover envió un nítido mensaje recordándonos qué es lo importante en la vida de los seres humanos.
Dijo el astronauta Glover: “Mientras nos acercamos al punto más cercano a la Luna y al más lejano de la Tierra, mientras seguimos desentrañando los misterios del cosmos, quisiera recordarles uno de los misterios más importantes que hay en la Tierra: el amor”. Y añadió: “Cristo dijo, al responder cuál era el mandamiento más grande, que era amar a Dios con todo lo que eres; y Él, siendo un gran maestro, dijo que el segundo es semejante a este: amar a tu prójimo como a ti mismo. Así que, mientras nos preparamos para salir de la comunicación por radio, seguimos abiertos a sentir su amor desde la Tierra.
Y a todos ustedes allá abajo, en la Tierra y alrededor de ella, los amamos. Nos veremos del otro lado”. Así, desde uno de los proyectos científicos más importantes del último tiempo, con un impresionante despliegue tecnológico, las palabras del astronauta Glover ponen de manifiesto que el verdadero progreso humano no se alcanza, simplemente, en el crecimiento económico, científico o tecnológico, sino en el crecimiento en la capacidad de amar.
Como también lo señaló, hace algunos años, el Papa Benedicto XVI conversando con los astronautas de la Estación Espacial Internacional que orbitaba alrededor del planeta: “ Creo que les resulta evidente que todos vivimos juntos en una sola Tierra y que es absurdo luchar y matarnos unos a otros”. Entonces, el avance científico y tecnológico que es la misión espacial Artemis no puede entenderse solo en clave científica, tecnológica o geopolítica, sino en la clave de un desarrollo humano integral. Pero, al ver la vida en nuestra Casa Común dividida por violencias y guerras, por injusticias y discriminaciones, son necesarias las preguntas acerca de adónde nos llevará todo esto.
La primera pregunta evidente es quién quiere apoderarse del espacio, porque detrás de estos avances científicos hay también intereses por el control comercial y militar del espacio. La “conquista del espacio” no puede ser una conquista como tantas que ha habido en la historia que dejan unos bienes o territorios en manos de unos pocos, y una estela de violencia e injusticias para muchos. El espacio no es “tierra de nadie” que se transforme en posesión del primero que llega, sino que es un bien común que debe ser tratado con normas jurídicas claras y con sentido de responsabilidad para toda la humanidad y las generaciones futuras.
Desde 1967 en las Naciones Unidas, 120 países -Chile entre ellos- han firmado el Tratado del Espacio Ultraterrestre que establece que el espacio es libre para la exploración y uso de todos los países , prohibiendo la apropiación nacional, la soberanía y la colocación de armas de destrucción masiva. Pero, los violentos, los “señores de la guerra” de hoy o de mañana ¿estarán dispuestos a respetarlo? , ¿las guerras del futuro serán como las del cine que hoy es de ciencia ficción?
La discusión sigue abierta, porque algunos sostienen que la extracción y venta de recursos minerales u otros por parte de las potencias espaciales no sería una “apropiación nacional”, sino un uso legítimo. Veremos qué pasa… Claramente, el desarrollo científico y tecnológico y misiones espaciales como Artemis -y las que vengan en el futuro- nos ofrecen a toda la humanidad una segunda oportunidad ante tantos errores que hemos cometido en la Tierra; la condición es que tomemos en serio y vayamos dando pasos en nuestra vida personal, familiar, social, política y económica en la línea que señalaba el astronauta Glover, viviendo el misterio más grande que hay en la Tierra, el amor. Para terminar, un fragmento de la “Oda al Aire”, de Pablo Neruda: “ No, aire,/no te vendas,/que no te canalicen,/que no te entuben,/que no te encajen ni te compriman/que no te hagan tabletas,/que no te metan en una botella,/ ¡cuidado!
”.