Por su parte, las FARC se incorporaron al proceso político, pero una parte, no mayoritaria, pero si notoria o se mantuvo siempre al margen de los acuerdos, o volvió a las montañas. A su vez, los territorios que controlaban los cerca de 60 frentes que las FARC tuvo en su mejor momento quedaron vacíos, al producirse la “dejación de armas”. Y como no hay territorio vacío, esas localidades, básicamente montañosas o selváticas, fueron progresivamente ocupadas por grupos irregulares de paramilitares, carteles, exguerrilleros, confundidos todos en guardias armados de negocios ilegales, desde la droga y la minería ilegal hasta la trata de personas en el control fronterizo.

Formalmente solo queda de la vieja etapa el Ejército de Liberación Nacional, el ELN, que hoy ya no es aquella organización donde militó y murió el sacerdote Camilo Torres, en los años 60 del siglo pasado. El gobierno de Petro intentó lo que llamó “la Paz Total” pero esta se encuentra aún lejos, y muchos se preguntan si se trata más bien de un tema de delincuencia organizada más que de un diálogo político-militar para poner término a un conflicto. A poco más de dos semanas, en este cuadro es que los ciudadanos colombianos concurrirán a elegir a su nuevo mandatario (a).