Fue durante la jornada del viernes 3 de abril cuando las tropas de Irán derribaron un avión F-15E Strike Eagle de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, el cual cayó sobre el territorio iraní. Poco después de la ofensiva contra la aeronave —la cual provocó que los tripulantes salieran eyectados en paracaídas— , las fuerzas estadounidenses consiguieron rescatar a un primer miembro de la tripulación, quien iba de piloto. Sin embargo, pasaron casi dos días hasta que pudieron rescatar al segundo, quien volaba en el asiento trasero del caza como oficial de sistemas de armas.
Durante ese tiempo, el aviador, quien tiene cargo de coronel, permaneció herido y solo, escondido en la grieta de una montaña mientras las fuerzas y milicias iraníes lo acorralaban con helicópteros y drones. Al mismo tiempo, las fuerzas estadounidenses se apresuraban en verificar si seguía con vida y si el mensaje que habían recibido por radio —”Dios es bueno”— efectivamente había sido enviado por él o era parte de una trampa iraní. Las deliberaciones en Washington llevaron a que, durante la madrugada del domingo, comandos estadounidenses entraran a unos 320 kilómetros en el interior de Irán, para así rescatar al coronel.
Mientras lo ponían a salvo, también hicieron estallar aeronaves estadounidenses varadas en tierra, para evitar que su equipo militar cayera en manos iraníes. Según confirmaron funcionarios estadounidenses al Wall Street Journal, bajo condición de anonimato por tratarse de asuntos delicados, la misión de rescate se desarrolló en el suroeste de Irán. Sugirieron que se trató de una operación de alto riesgo, ya que no se trataba únicamente de rescatar al aviador en territorio enemigo, sino que también de hacerlo mientras fuerzas hostiles acechaban.
Después de que el F-15E con dos tripulantes fuera derribado el viernes, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, informaron al presidente Donald Trump sobre la situación. De acuerdo a los funcionarios consultados por el citado periódico, le comunicaron que el Pentágono ya había previsto el escenario y que tenía las capacidades para rescatar al aviador que hasta ese entonces estaba perdido. Después de que la cartera de Defensa confirmara la identidad del piloto —la cual no se ha revelado públicamente—, Hegseth fue al Despacho Oval para comentarle al presidente y solicitar su orden final.
Según la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, la respuesta de Trump fue: “Tenemos que rescatarlo”. Fue ahí cuando se inició la misión para encontrar al coronel y retirarlo del territorio iraní. Las autoridades estadounidenses informaron que participaron unos 100 efectivos de operaciones especiales.
También se requirió de aviones y helicópteros de guerra, así como de una campaña de engaño de última hora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), con el objetivo de ganar tiempo. Trump declaró al Journal este domingo: “Cuando un aviador cae, es difícil encontrarlo en países tan hostiles”. “Pudo escalar, incluso estando herido, pudo meterse en una grieta”, comentó, para luego decir que el coronel podía escuchar a las fuerzas estadounidenses buscándolo.
En palabras del mandatario: “Se produjeron muchos sucesos extraordinarios”. La operación de rescate fue liderada por el Comando Central y contó con el apoyo de cuatro bombarderos B-1, que lanzaron alrededor de un centenar de bombas guiadas por satélite de 900 kilos, según declararon las fuentes. También se utilizaron drones MQ-9 Reaper, los cuales atacaron a presuntos combatientes iraníes cuando estos se acercaban a kilómetros del escondite del coronel.
Leavitt declaró que Trump estuvo en el Despacho Oval el viernes y el sábado para recibir actualizaciones constantes de Hegseth, mientras que este último visitó en múltiples ocasiones la Casa Blanca para ofrecer informes en persona. Pese a que las fuerzas estadounidenses consiguieron rescatar al coronel perdido, la misión se enfrentó a una serie de dificultades y a un primer intento que debió ser abortado. Inicialmente, dos helicópteros H-6 iban destinados a la operación.
Sin embargo, fueron atacados con armas ligeras desde tierra, lo que provocó lesiones entre sus tripulaciones y los obligó a aterrizar de forma segura en Kuwait. De la misma manera, dos aviones de operaciones especiales MC-130J aterrizaron en una base de operaciones avanzada improvisada dentro de Irán. No obstante, tuvieron problemas luego de que sus ruedas delanteras se hundieran, por lo que no pudieron despegar.
Como parte del plan de contingencia estadounidense, tres aviones más pequeños con equipos especializados se dirigieron posteriormente a la remota zona de operaciones, según las informaciones reunidas por el Journal. Una vez completada la misión, las fuerzas estadounidenses destruyeron los dos aviones MC-130J atascados, así como dos helicópteros MH-6 Little Bird, para así evitar que su tecnología cayera en manos iraníes. Finalmente, Trump confirmó el domingo que se pudo completar el rescate: “El ejército estadounidense envió decenas de aeronaves, equipadas con las armas más letales del mundo, para rescatarlo.
Sufrió heridas, pero se recuperará sin problemas”. El presidente ha descrito el éxito de la operación como un “milagro de Pascua” y ha advertido a las autoridades iraníes que, si no permiten el tránsito por el Estrecho de Ormuz, su país enfrentará represalias. “¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno!
”, advirtió Trump, quien también anunció que le dio a Teherán un plazo hasta la noche del martes para cumplir con la orden, antes de que Estados Unidos comience a atacar puentes y centrales eléctricas.