Un canal más allá de un podcast Los primeros pasos de Sichel se dieron a través de la transformación del nombre del canal de Fabrizio Copano, el que se convirtió en “Somos Fabuloso” y los ayudó a tener una base de seguidores, relata. Pero para el conductor de CHV el proyecto no es antojadizo: “Nos interesa mucho que esto se consolide en el paso del tiempo como un medio de comunicación y no como un podcast”, zanja de entrada. “Lo que queremos hacer es tener varios programas, varios rostros y que el canal tenga un peso específico por sí mismo”, añade.
Y ahora el que está rindiendo más frutos es el dirigido por Alison Mandel y Pedro Ruminot, “Martes de Pololeo”; en este caso específico, revela. Para Sichel, lo esencial para que funcione el proyecto es el en vivo y con ello las interacciones del público a través del chat. “Lo que queremos es generar comunidad y yo creo que para eso internet es clave, porque al tener el chat en vivo te ayuda a que las personas puedan ser un integrante más de los programas, puedan opinar, puedan contar sus cosas, puedan mandar audios, puedan mandar fotos, chistes; nos funciona mucho.
Al transformarlos en un protagonista más, se genera una comunidad súper interesante”, dice. No obstante, el periodista reconoce que los canales de streaming en Chile recién se están encauzando: “Va a ir consolidándose con el tiempo, porque todavía, a diferencia de otros países, no todos están al tanto de lo que ocurre en internet, entonces está en una fase inicial. Me da la impresión de que este año sí, por lo menos, habrá aterrizaje de más canales”.
¿Es rentable el streaming? Ahora, existen diversos motivos por los que cada vez más rostros de televisión han optado por apostar a los canales de streaming: su rentabilidad. De acuerdo a Victoria Tibis de Jumpmedia Chile, empresa encargada de comercializar el contenido de programas como ‘Lugares que hablan’, ‘Siempre hay un chileno’, ‘Sin Editar’, entre otros, un programa o canal de streaming es una apuesta casi segura cuando hay un rostro consolidado que lo lidere.
“Hay programas rentables incluso antes de salir al aire y debutan vendidos. No siempre son ‘apuestas’, especialmente si vienen de la mano de creadores de contenido con trayectoria y buen posicionamiento”, explica. Es que hoy por hoy los ingresos del streaming se sustentan -mayormente- en la publicidad, pero esta tiene que estar bien combinada entre comunidad, contenido y auspiciante: “Ahí está el valor real de este ecosistema.
No en vender un espacio, sino en construir una asociación que le sirva tanto a la marca como a la comunidad del canal”. A ello se suma que el rubro es “poco inestable”, ya que se comprende de un “ecosistema” conformado no solo por la transmisión en vivo, sino que además de otras plataformas de redes sociales. Los costos del streaming Más allá de la libertad editorial, una de las principales razones detrás del auge de los podcasts en YouTube y los programas por streaming es económica: producirlos cuesta mucho menos que levantar un espacio de televisión tradicional.
En términos simples, hoy es posible emitir un programa en vivo con una inversión relativamente baja. Incluso, en formatos básicos, basta con un celular de buena gama, micrófonos, un computador y conexión estable a internet. Con equipamiento inicial de mercado, el piso puede bordear el millón y medio de pesos.
Un teléfono de alta gama ronda el millón de pesos; un micrófono básico puede encontrarse desde los $10 mil; un notebook funcional desde los $400 mil; y un plan de internet hogar parte cerca de los $15 mil mensuales. Pero más importante que el costo de entrada es el gasto operativo: una vez montado el set, un podcast puede funcionar con dos o tres personas, o incluso con el propio conductor manejando parte de la transmisión. En televisión, en cambio, la estructura suele ser mucho más pesada.
Para salir al aire normalmente se requiere estudio profesional, iluminación especializada, varias cámaras, switch de dirección, consolas de audio, escenografía, maquillaje, vestuario y un equipo humano amplio compuesto por camarógrafos, sonidistas, productores, directores, asistentes técnicos y personal de apoyo. A eso se suman costos fijos elevados como arriendo o mantención de estudios, transporte de equipos, licencias técnicas, energía eléctrica y personal permanente. Por lo mismo, mientras un podcast puede instalarse rápidamente, probar formatos y ajustarse semana a semana, un programa de televisión demanda mayor planificación, presupuestos más altos y estructuras menos flexibles.
Esa combinación entre bajo costo, rapidez y libertad creativa explica por qué cada vez más rostros conocidos han optado por migrar hacia YouTube y otras plataformas digitales. El streaming aún no reemplaza a la televisión, pero sí le está quitando algo igual de valioso: talento, atención y tiempo de audiencia. Y en medios, eso suele anticipar cambios mayores.