El estatus de país libre de fiebre aftosa sin vacunación ha permitido a Chile acceder a los mercados más exigentes del mundo, una condición que por mucho tiempo compartió solo con Uruguay en la región. Esa distinción -que Chile fue el primero en alcanzar en el continente, hace más de 40 años- le permite exportar cortes y ganado en pie a destinos vetados para países que aún vacunan contra el virus. Pero en mayo de 2025, la Organización Mundial de Salud Animal (OMSA) asignó este mismo estatus a cuatro estados de Brasil (Rio Grande do Sul, Santa Catarina, Paraná y Mato Grosso do Sul), que representan casi 80% de la producción de carne bovina de ese país.
Durante los últimos meses, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de Chile ha estado trabajando en certificar esa condición, y recién hace tres semanas llegó al país el primer embarque de Brasil bajo la nueva clasificación. “Brasil suma ahora una nueva ventaja, combinando capacidad productiva, costos más bajos y acceso a mercados que estaban restringidos”, señaló a DF Regiones el gerente general de ChileMeat, Rafael Lecaros. Rafael Lecaros, gerente general de Chilemeat Procesadoras locales Así, el cambio también podría tener efectos para el mercado interno.
En 2025, Brasil se convirtió en el principal proveedor de carne importada en Chile al captar 51% del volumen total y desplazar a Paraguay, que hasta entonces lideraba el ranking. El factor clave fue el precio: la carne brasileña llegaba entre 7% y 12% más barata que la paraguaya. Pero Lecaros añadió que, con la nueva condición sanitaria, también podrían aumentar los envíos de cortes con hueso y carne en vara para carnicerías y plantas de procesamiento local, lo que podría llevar a Brasil a concentrar cerca de 60% de las importaciones en los próximos años.
Su proyección tiene fundamentos: Brasil es el mayor exportador de carne bovina del mundo, al contar con un rebaño de más de 220 millones de cabezas. En contraste, Chile suma alrededor de 3 millones y va a la baja: mientras hace 30 años la faena sumaba más de 1,1 millón de cabezas, hoy la faena anual apenas ronda las 730 mil, según datos de ChileMeat. La caída se debe a factores como la baja rentabilidad, altos costos de producción, cambio en el uso de suelos y la competencia de la carne importada.
Impacto en el sur Para Lecaros, los principales afectados en el corto plazo serían los productores locales, especialmente los engorderos, debido a la presión sobre precios. El punto no es menor. Más de 115 mil pequeños ganaderos -la mayoría con menos de 50 cabezas- representan cerca de 95% de la base productiva, reflejando el peso social y económico del rubro en las regiones de Los Ríos, La Araucanía y Los Lagos.
La brecha de costos frente a Brasil o Paraguay es considerable. En carne commodity categoría ‘V’, la diferencia para Chile fluctúa entre 15% y 30%. Parte de esa brecha se compensa en segmentos premium, donde los consumidores valoran la calidad y el origen de la carne chilena.
Qué tanto impactará la irrupción de Brasil en los precios de la carne en Chile dependerá en gran medida del volumen exportador que la potencia sudamericana destine al mercado externo, dijo Lecaros. “En Chile, los cortes con hueso representan cerca de un sexto del valor del canal (carne bovina), por lo que una baja de hasta 30% en esos precios podría significar una pérdida cercana a 5% de la competitividad local”. Asimetrías regulatorias El ejecutivo también planteó diferencias normativas que afectarían a la competencia interna.
Las principales asimetrías tienen que ver con el hecho de que Chile opera con una producción pequeña a nivel global, pero con estándares sanitarios y de calidad muy altos. “Por ejemplo, la tipificación obligatoria no se aplica de forma equivalente a las importaciones desde el Mercosur. La trazabilidad individual, obligatoria en Chile, tampoco rige para productos importados.
El productor nacional carga con todos los costos regulatorios, pero compite con productos que no necesariamente cumplen las mismas exigencias”. Lecaros cree que todavía hay espacio para recuperar la producción nacional, pero la ventana es acotada. “Las decisiones debieran adoptarse en los próximos 12 meses, con medidas como mayor coordinación sectorial y captura de valor en procesamiento local.
Más que medidas aisladas, la urgencia está en una acción coordinada de toda la cadena”. Pero el reloj ya está corriendo. “Este cambio es estructural, por lo que la adaptación debe ser rápida.
El sector debiera tomar definiciones en un horizonte de 12 a 24 meses para no seguir perdiendo competitividad”. Ante este complejo escenario, el mercado chino podría hacer toda la diferencia para los productores locales, dijo Lecaros. “China ha sido clave para mejorar los precios del ganado chileno en la última década.
Además, las restricciones aplicadas por China a la carne brasileña podrían abrir oportunidades para proveedores como Chile”.