Eficiencia y nudos Detrás del nuevo enfoque estratégico de importar commodities y exportar productos de alto valor existe además un cambio más profundo: en la última década ha disminuido el número de productores chilenos, pero los que permanecen han elevado significativamente sus niveles de eficiencia, incorporando más tecnología y mejores prácticas. “Hoy los productores son comparables a estándares de Europa o Estados Unidos”, explica el ejecutivo. Ese giro también se explica por un cambio en la percepción internacional.

Tras la cumbre mundial del sector realizada en Santiago en octubre, la industria local pasó de ser prácticamente invisible a posicionarse como un proveedor potencial de productos de alta calidad. “Antes, Chile no existía en el mapa lácteo global. Hoy somos una alternativa”, sostiene Niklitschek.

El objetivo es claro: construir una “marca Chile” en lácteos que permita capturar valor en mercados exigentes, más que competir en economía de escala. Sello de origen Ante la imposibilidad de competir en volumen, la sostenibilidad pasó de ser un atributo diferenciador a una condición de acceso. A través del sello “Chile Origen Consciente”, el sector ya cuenta con más de 260 predios certificados, cubriendo 30% de la producción nacional.

“La presión no viene tanto del consumidor final, sino del retail, que exige estos estándares para mantener los productos en góndola”, revela el ejecutivo, añadiendo que ya existe una industria que bonifica este cumplimiento. A los desafíos de mercado se suman factores que trascienden lo productivo. Desde la corporación plantean que la seguridad rural es hoy una preocupación crítica ante el robo de infraestructura tecnológica en predios, fenómeno que se suma a la necesidad de adaptar la legislación laboral a faenas que operan los 365 días del año.

“Las regulaciones están hechas para los malls, pero no para el campo”, advierte Niklitschek, señalando que la falta de adaptabilidad legal y la inseguridad son hoy los principales frenos para la llegada de nuevos capitales.