La OCDE coincide: un buen sistema tributario debe respaldar crecimiento, equidad y sostenibilidad. Como advirtió David Bradbury, director adjunto del Centro de Política y Administración Tributaria, “no tiene sentido tener todos los impuestos del mundo si la economía no está creciendo; los ingresos fiscales disminuirán”. Sobre esa base, el gobierno anunció un giro pro competitividad fiscal: bajar el impuesto corporativo de 27% a 23% para alinear a Chile con la OCDE; una tasa de impuesto PYME de 12,5% en forma permanente, reintegrar plenamente el sistema para eliminar distorsiones y favorecer la reinversión; y reforzar la certeza a la inversión mediante mecanismos de invariabilidad tributaria.
El financiamiento descansaría en mayor eficiencia del gasto, revisión de programas mal evaluados y un ajuste que lo lleve a niveles sostenibles. “Crecer para recaudar” no es un eslogan: es la ruta responsable para financiar el gasto social y las políticas públicas que impulsan empleos de calidad, sin hipotecar el futuro. La elección es clara: reglas estables, impuestos que premien la reinversión y un Estado que gaste bien.
Si queremos retomar la senda del desarrollo, primero es volver a crecer. Lo demás es postergar lo inevitable.