Por lo mismo, restringir el ya limitado financiamiento estatal de la ciencia es un atentado al capital humano presente y futuro de la ciencia y tecnología en Chile. Solo el 16,9% de la matrícula en programas de magíster en 2025 correspondió a las áreas de las ciencias naturales e ingeniería combinadas. De estos estudiantes, sólo una fracción (20% en ciencias naturales y 10% en ingeniería) es financiada por el programa de becas de magíster nacional de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) que el gobierno busca recortar.

Por otra parte, una de las grandes virtudes de la ciencia nacional es que a pesar del aislamiento geográfico respecto a los principales focos mundiales de conocimiento, nuestros investigadores cuentan con vastas redes de colaboración internacional. Por esto, el recorte a las becas de postdoctorado en el extranjero es un duro golpe para las y los científicos jóvenes que buscan insertarse en el mundo laboral y desarrollar investigación de alto impacto no solo en Chile, sino en el mundo entero. El desarrollo de la ciencia en Chile sólo puede ser sostenible si los recursos crecen a la par con el número de investigadoras e investigadores.

Si se busca implementar la necesaria medida de aumentar el financiamiento privado en la ciencia, y fomentar el desarrollo de nuevas tecnologías en suelo nacional, es necesario invertir en formar investigadores dedicados a este rubro. El desafío no negociable es llevar a cabo esta tarea sin sacrificar el desarrollo y financiamiento de la ciencia básica, cuya calidad debiese ser motivo de orgullo independiente del color político. Es prioridad proporcionar el ambiente adecuado para formar una nueva generación de investigadores que sí tenga la oportunidad de elegir entre dedicarse a los fundamentos o a la aplicación de la ciencia.

Las áreas en que se decida utilizar este capital son igualmente relevantes: un gran centro de procesamiento para inteligencia artificial, como propone la ministra, puede generar empleo e inversión, pero no necesariamente implica el desarrollo de patrimonio científico y tecnológico. En muchos casos, estas instalaciones operan principalmente con tecnologías desarrolladas en el extranjero y demandan escaso personal dedicado a investigación avanzada. Por último, como comunidad científica se nos presenta un desafío igual de importante.

Es imperativo que la percepción pública de la ciencia en Chile refleje su realidad, y que los beneficios de la generación de conocimiento se valoren independiente de su aplicabilidad inmediata. De acuerdo a las últimas encuestas disponibles de percepción de la ciencia, un 41% de los chilenos posee poco o ningún interés en la ciencia y tecnología. Este alto nivel de indiferencia es riesgoso, ya que puede derivar en un clima de desconfianza con el mundo científico y facilitar la implementación de medidas detrimentales a su desarrollo.

Debemos, por tanto, hacer lo posible por acercar nuestro trabajo al público, educando e incluyendo particularmente a niñas, niños y adolescentes. Para nosotros, es evidente que el nuevo conocimiento posee valor intrínseco por su mera existencia, pero la postura opuesta sigue siendo razonable para quien no sabe que las investigaciones de Maxwell, Hertz, Einstein y Heisenberg dieron origen a tecnologías como la electrónica, la radio, el GPS y el láser muchos años después de sus descubrimientos. Citando a este último, además de permitir el desarrollo tecnológico, la universalidad de la ciencia la convierte en un medio de entendimiento entre los pueblos.

Que sea este, entonces, el lenguaje común que nos permita trazar, sobre la base de evidencia, la hoja de ruta hacia el progreso.