Por lo pronto, Gebel juega a una sola carta: no confirmar, no bajarse y dejar que el misterio haga lo suyo. En la política argentina, a veces, eso también suma votos. Gebel escribió ayer en X: “Hay momentos en la vida, que uno es plenamente consciente que es parte de un plan que ya fue escrito por Dios.
Y va a pasar lo que tenga que pasar; le guste a quién le guste, incluso, a pesar de mi mismo o de la opinión de los demás. Puede que tenga mil errores, pero si tengo una virtud, es que le creo a Dios como un niño. Lo que va a pasar….
ya pasó. La historia fue escrita, incluso antes de que naciéramos. ¡Se viene algo nuevo, mi gente!
”. El pastor en la carrera presidencial La encuesta de la consultora argentina DC midió recientemente a posibles “outsiders” para 2027 y confirmó una tendencia clave: hay fuerte rechazo a la política tradicional y apertura a figuras sin trayectoria política. Sin embargo, los resultados también muestran límites claros.
El ranking lo lidera el empresario Marcos Galperin (30%), seguido por el presentador Mario Pergolini (18,4%) y el cineasta Diego Recalde (17,1%). Más atrás aparecen Agustín Laje y Tomás Rebord, mientras que Dante Gebel queda último entre los medidos, con apenas 8,5%. El dato de fondo es doble: por un lado, existe una demanda fuerte por “caras nuevas”; por otro, ninguno de esos outsiders —incluido Gebel— aparece aún con peso real para disputar el poder.
Al mismo tiempo, el sondeo muestra que una parte importante de la sociedad sigue respaldando el rumbo económico actual pese a los costos, lo que sugiere que, al menos por ahora, el espacio para un nuevo fenómeno tipo Milei existe… pero todavía no tiene un candidato claro. Una encuesta reciente de AtlasIntel y Bloomberg muestra un escenario todavía abierto pero con señales de alerta para el oficialismo: aunque Javier Milei sigue siendo la figura central rumbo a 2027, su imagen viene cayendo y ya acumula más rechazo que apoyo (37% positiva versus 62% negativa). En paralelo, Axel Kicillof se consolida como el principal rival opositor en un escenario cada vez más polarizado.
El dato que mira con atención el gobierno es justamente ese deterioro en la valoración presidencial, que podría complicar una eventual reelección si se mantiene la tendencia.