"Si alguien decide cambiar de 97 a 93 octanos, empezará a tener problemas con el motor. Comenzará a perder potencia, incluso puede haber un consumo mayor combustible y, a largo plazo, sin duda habrá daño interno de todo el motor, pistones y válvulas", enfatizó el experto. Pese a que las consecuencias no serían inmediatas, "debido a la gestión electrónica más avanzada de los motores modernos", Reyes-Bozo subrayó que si es una práctica que se mantiene "de todas maneras el motor sufrirá en eficiencia y desempeño".

¿Cambiar de diésel a bencina? Por nada del mundo. El decano sostuvo que, a diferencia del cambio a una bencina de menor octanaje, optar por el diésel dañará de inmediato el motor de un auto.

"Ha habido muchos casos de gente que eligió esto, pero sedebió hacer una limpieza general de todo el sistema de combustión y de transporte de combustible en todo el auto, y eso es carísimo", sentenció.