08 Mayo 2026 Cuandohablamos de agricultura muchas veces se piensa únicamente en números, hectáreaso exportaciones. Pero detrás de cada siembra existe algo mucho más importante:la seguridad alimentaria de Chile. Lo que hoy está ocurriendo en la provinciade Biobío y en el sur del país no es simplemente una dificultad económica paralos agricultores; es una advertencia seria respecto a la capacidad futura delpaís para producir sus propios alimentos.

La Regióndel Biobío cumple un rol estratégico para Chile. Solo en trigo candealconcentra cerca del 46% de la producción nacional. También posee unaparticipación decisiva en avena, maíz, papa, remolacha, achicoria industrial yproducción forestal.

A eso se suma una creciente fruticultura moderna,especialmente en avellano europeo, arándanos y nogales. Miles de empleosdirectos e indirectos dependen de esta actividad en comunas como Los Ángeles,Cabrero, Yumbel, Mulchén, Negrete, Laja y San Rosendo. Sinembargo, hoy el agro enfrenta probablemente una de las temporadas más complejasde las últimas décadas.

El alza explosiva de fertilizantes, especialmente de laurea, el aumento del combustible, la incertidumbre internacional, la crisishídrica y la baja rentabilidad de los cultivos están provocando que muchosagricultores simplemente evalúen no sembrar. Y aquí esdonde el problema deja de ser sectorial y pasa a transformarse en un problemanacional. Porquecuando un agricultor deja de sembrar trigo, avena o maíz, no solo pierde él.

Pierde Chile. Perdemos capacidad de producción, aumentamos la dependenciaalimentaria externa y debilitamos la economía rural. Hoy el país importa granparte de los fertilizantes que utiliza y depende crecientemente de mercadosinternacionales cada vez más inestables.

Basta observar cómo los conflictosinternacionales disparan los costos de producción para entender que no podemosseguir dependiendo exclusivamente del exterior para alimentar a nuestrapoblación. El caso dela remolacha es probablemente el ejemplo más dramático de esta crisis. Lasuspensión de recepción para la temporada 2026-2027 golpea no solo aproductores agrícolas, sino también a transportistas, contratistas, talleresmecánicos, temporeros y al comercio rural completo.

Durante décadas laremolacha estructuró economías comunales enteras en Biobío. Hoy muchas de esasfamilias observan con incertidumbre cómo desaparece una actividad históricaproducto de costos imposibles de sostener. Por eso elGobierno debe comprender que el Biobío requiere un tratamiento agrícolaespecial y urgente.

No hablo de privilegios, si no de buscar la forma deasegurar la soberanía alimentaria de la región y el país. La agricultura debeser tratada como una actividad estratégica. El Estadodebe implementar medidas concretas para garantizar continuidad de siembras,como un subsidio a fertilizantes a todos los agricultores, sin distingo detamaño, la estabilización del precio del combustible agrícola, créditos blandospara pequeños y medianos agricultores, fortalecimiento del riego tecnificado,apoyo especial a cultivos estratégicos, incentivos a la agroindustria regionaly políticas de protección frente a competencia internacional desleal.

Chile nopuede reaccionar cuando las góndolas están vacías o cuando los precios de losalimentos se vuelven impagables para las familias, no podemos esperar a que elkilo de tomates llegue a 5 mil pesos para reaccionar. La seguridad alimentariase construye antes, apoyando a quienes producen. Mientrasalgunos observan la agricultura únicamente desde una planilla Excel, en loscampos del Biobío miles de personas siguen levantándose de madrugada paraproducir el alimento que llega diariamente a la mesa de los chilenos.

Ellos nonecesitan discursos; necesitan condiciones mínimas para seguir sembrando. Porque siel Biobío deja de producir, Chile entero lo terminará pagando, presidenteapoyemos a los agricultores.