China ha construido su transformación urbana sobre un principio clave: el desarrollo como proceso progresivo, donde las experiencias exitosas en una ciudad se replican en otras regiones. El caso más emblemático es Shenzhen, que pasó de ser una pequeña localidad a convertirse en una de las primeras zonas económicas especiales del país y, con el tiempo, en un polo tecnológico de referencia mundial. Pero no es el único.

Conoce más junto a Carla Morales Vallejos, del Instituto Confucio Santo Tomás.