Dice que también conoció a Robert Kennedy Jr. , actual secretario de Salud de Trump y reconocido abogado ambientalista. “Cuando Kristine donó su parque al estado de Chile, él estuvo en esa ceremonia (a inicios de 2018).

Preguntó quién era el gringo que había comprado Reñihué. Luego preguntó si yo tenía helicóptero para ir a buscarlo. Y como yo tengo uno en el sur, fui por él.

Nos conectamos por dos días”, señala. Tiempo después, cuenta, Kennedy -a quien él le dice Bobby- lo llamó para comentar que uno de sus hijos, Finn, estaba en Futaleufú y quería pasar por Reñihué. “Vino y fue muy importante para él, porque era un joven que estaba deprimido por el suicidio de su madre.

Aquí se conectó con la tierra, le cambió la vida, salió como un hombre diferente. Este lugar es mágico”. “Todo es para la tierra” Clark mantuvo la casa de los Tompkins en Reñihué, y es la que él usa cuando está en el lugar.

Pero ha construido otras, donde recibe huéspedes. Tanto invitados, como aquellos que quieren pagar por una experiencia que incluye también viajes en helicóptero, sobrevolar el Michimahuida, paseos en lancha, en bicicleta o ceremonias en una ruca que construyó con comunidades huilliches de la zona. Todo ese trabajo más turístico, aunque a él no le gusta llamarlo así, lo coordina a través de una organización que creó para eso y se llama Amaru Patagonia.

No lo piensa como un negocio, porque él sigue fiel a ese mensaje de hace años que le dijo que se liberara de sus riquezas personales. Le basta, asegura, con cubrir sus costos. “Si gano algo en Reñihué, el dinero no es para mí; todo es para la tierra.

Reinvertirlo ahí. Si yo me voy de este mundo mañana, quiero que la fundación y este lugar sigan”, explica. Lo que más le importa, añade, es que la gente tenga acceso a la experiencia de estar en Reñihué.

“No quiero que por no tener dinero, alguien quede fuera”, dice. “Pero tampoco quiero que esto crezca como un proyecto grande, con un hotel como el de Portillo. Prefiero algo pequeño, donde vayan personas que se vean impactadas con estar ahí”.

Desde hace tres años también produce miel allí. Básicamente para comprarla él mismo y regalarla. “Cada año llevo 14.

000 frascos de miel para repartir a mis clientes en Texas y hablarles de mi experiencia en Reñihué y de la historia de los Tompkins. Es como un círculo de agradecimiento, porque yo no podría haber comprado este fundo sin las ventas a mis clientes”, explica. De hecho, planea empezar a organizar y financiar viajes de sus clientes a este rincón del sur, “para que mi gente tenga la misma oportunidad que tuve yo de conectar con esta tierra”.

“No quiero que por no tener dinero, alguien quede fuera”, dice. “Pero tampoco quiero que esto crezca como un proyecto grande, con un hotel como el de Portillo. Prefiero algo pequeño, donde vayan personas que se vean impactadas con estar ahí”.

Todos sus pasos en Reñihué han implicado, como dice él, “mucha inversión”. Y no quiere detenerse. Estuvo a punto de comprar recién un terreno en Torres del Paine, “el lugar donde hay más pumas y cóndores en Chile”, pero el negocio se cayó a última hora.

Continúa buscando. - Compraste Reñihué en US$ 9 millones. ¿La inversión posterior en estos nueve años ha sido un monto similar?

- (Se ríe). Como dirían los mexicanos, móchate. - ¿Y eso qué significa?

- Ni tú, ni yo; sino la mitad. Mirar hacia arriba Los desvelos de Charlie Clark en Chile no se agotan en la conservación de la naturaleza. La productora Trío de la Luz, que creó hace cuatro años, está abocada ahora en el reestreno de Green Ghost, ahora en una versión depurada en español y que se subirá a las distintas plataformas, como Amazon y Vix.

Será dentro de este primer semestre. Pero hay más. El proyecto 2026 de la productora es un documental sobre los ovnis.

Clark, ferviente creyente en el tema, trabaja personalmente en eso. Con la ayuda de quien llama “mi hermano”: Rodrigo Fuenzalida, sociólogo y conocido ufólogo chileno que ha colaborado en la creación de programas como la serie Ovni de TVN. Se conocieron en un congreso de esta materia en Sao Paulo, en 2016, y juntos llevan ya un par de años recorriendo, y registrando, fenómenos relacionados a objetos voladores desconocidos que cruzan los cielos chilenos.

“Los hemos visto incluso en Reñihué, con una cámara con luz infrarroja”, señala Clark, entusiasmado. En su último viaje a Chile, estuvieron grabando por casi un mes. Avistamientos propios y también entrevistas a algunos expertos.

“Yo al comienzo estaba un poco estresado por trabajo y por cambios que tenía que hacer en varios negocios. Así que fuimos a Torres del Paine, para soltarme. Y la última noche ahí, fuimos afuera y ¡pum!

”, cuenta, manteniendo el misterio de lo que vieron. “Son cosas que ni te puedes imaginar”. Dice que volverá a Chile apenas pueda, a más tardar en julio o agosto.

El nuevo aterrizaje, de seguro, será con un ojo en Reñihué y el otro clavado en el cielo.