Con el enfrentamiento en el estrecho de Ormuz entrando en su tercer mes, los gobiernos de todo el mundo enfrentan un dilema común: cómo evitar que el acaparamiento agrave la escasez de productos, desde combustibles hasta jeringas. En escenas que recuerdan las compras de pánico de la era de la pandemia, los surcoreanos se apresuraron a comprar bolsas plásticas para la basura luego de que la guerra con Irán provocara el cierre del estrecho, alterando las cadenas globales de suministro. En Australia, los consumidores vaciaron las estanterías de bidones de combustible mientras conductores y agricultores competían por abastecerse en zonas rurales.
En China, publicaciones en redes sociales sobre una posible escasez de preservativos se viralizaron el mes pasado. Las empresas también están acumulando inventarios para asegurar suministros esenciales, exacerbando la escasez y obligando a los gobiernos a intervenir. La policía surcoreana, por ejemplo, lanzó una ofensiva contra compañías sospechosas de acaparar jeringas, mientras la escasez de nafta amenaza el abastecimiento médico.
En India, en tanto, influencers están impulsando una moda de fiestas pagadas con Diet Coke, ya que la limitada oferta de la bebida en lata le ha dado un nuevo atractivo. “Valoramos más las cosas cuando son limitadas, y las percepciones de escasez pueden verse exacerbadas por las redes sociales”, señaló Elizabeth Costa, directora de innovación y alianzas de la consultora británica Behavioural Insights Team, que ha estudiado maneras de “empujar” a las personas a prepararse para las crisis con anticipación. Sin embargo, mientras la escasez de papel higiénico al inicio de la pandemia del coronavirus fue un producto evitable de las compras de pánico, hoy las carencias globales de petróleo y otros bienes esenciales parecen muy reales, lo que entrega a hogares, empresas y gobiernos razones de peso para acumular antes de que se agoten los suministros.
Políticas desplegadas El desafío para las autoridades es cómo minimizar el daño económico provocado por el acaparamiento, asegurando al mismo tiempo que los hogares y países más pobres puedan acceder a bienes esenciales. Los economistas entienden el impulso de los consumidores de comprar antes de que suban los precios. “Fui a la estación de servicio a llenar el estanque de mi auto: es perfectamente natural”, afirmó Mauro Pisu, economista senior de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), quien ha seguido las medidas adoptadas por los gobiernos frente al shock de precios energéticos provocado por el conflicto en Medio Oriente.
Él y otros economistas sostienen que, en la medida de lo posible, los gobiernos deberían resistir la tentación de imponer controles para evitar el acaparamiento. En cambio, deberían permitir que mecanismos de mercado, como precios más altos, incentiven cambios de comportamiento y reduzcan la demanda. “Será importante dejar que los consumidores actúen como consideren mejor y asegurarse de que enfrenten el precio correcto”, dijo Pisu.
Muchos gobiernos están haciendo lo contrario. Entre los más de 50 países monitoreados por la OCDE, la respuesta más común ha sido recortar impuestos a los combustibles o imponer controles directos para contener los precios. Según Pisu, ese enfoque solo acumula problemas.
“Si los gobiernos mantienen bajos los precios para mantener felices a los consumidores en el corto plazo (... ) está claro que eso hará que las escaseces sean más probables y más agudas”, afirmó. En vez de eso, el primer paso de los gobiernos debería ser tranquilizar a la población “de que los suministros seguirán siendo abundantes (...
) y que aún podrán conseguir lo suficiente”, señaló Julian Jessop, ex economista jefe del think tank liberal Institute of Economic Affairs. También deberían evitar comprometerse respecto de los precios, agregó, ya que “el alza de precios muchas veces sería parte de la solución”. Algunos gobiernos han intentado poner esto en práctica.
Australia anunció la semana pasada un paquete por US$ 10 mil millones para aumentar las reservas internas de combustible, mientras el primer ministro japonés aseguró a las empresas que acaparan productos petroquímicos que el país podrá asegurar suficientes derivados de nafta hasta fines de año. Sin embargo, cuando las escaseces son reales, los mecanismos de mercado no bastarán para evitar que las personas de menores ingresos queden excluidas de bienes esenciales o que países en desarrollo sean desplazados en la carrera global por asegurar fertilizantes o suministros médicos. En India, trabajadores fabriles que ya no pueden costear el alza del gas para cocinar ni los arriendos urbanos están regresando a sus aldeas de origen, donde reciben alojamiento gratuito y ayuda alimentaria estatal.
Costa sostiene que mensajes públicos cuidadosamente diseñados pueden ayudar. Citó pruebas de políticas aplicadas en Australia tras la pandemia, que mostraron que los llamados al sentido de comunidad y moralidad llevaron a las personas a comprar menos. “Hay oportunidades de lograr que el público acompañe las medidas”, afirmó.
“Cada pequeño aporte ayuda” es ahora el lema de una campaña publicitaria de US$ 20 millones en Australia que insta a los conductores a vaciar el maletero, inflar los neumáticos y retirar las parrillas de techo para consumir menos combustible. Otros gobiernos están adoptando políticas de “empujón” más agresivas para contener la demanda, desde subsidios al transporte público hasta intervenciones más peculiares. La corporación estatal de petróleo de Nepal ha estado vendiendo gas para cocinar a precios regulados, pero en cilindros llenados solo hasta la mitad, con el objetivo de extender los suministros escasos.
Sin embargo, la medida ha provocado escasez de los propios cilindros y reportes de recargas clandestinas e inseguras. En Reino Unido, algunos centros de estudios también promueven una combinación de apoyo a precios y cambios conductuales obligatorios. El Institute for Public Policy Research ha pedido reducir los impuestos a los combustibles junto con bajar los límites de velocidad para obligar a los conductores a ser más eficientes.
Si la escasez se vuelve más generalizada, es probable que aumenten las presiones por intervenciones directas —como controles de precios o racionamiento—. Saudi Aramco advirtió que las reservas mundiales de gasolina y combustible para aviones podrían llegar a “niveles críticamente bajos” antes de los meses de verano. “Gran parte de esto está muy por encima de los mecanismos de mercado”, sostuvo Yael Selfin, economista jefe de KPMG, apuntando a la carrera vivida durante la pandemia para asegurar suministros nacionales de equipos de protección personal y vacunas recién desarrolladas.
Li Dong, profesor senior de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, quien ha estudiado formas de enfrentar el acaparamiento de implementos médicos durante la pandemia, también defendió controles gubernamentales sobre precios y compras, aunque advirtió que “deben diseñarse con mucho cuidado”. Un tope a los precios minoristas podría llevar a que los consumidores acumulen más y las empresas produzcan menos, dijo. El racionamiento, aunque parezca más justo, también reduce el incentivo de las empresas para aumentar la capacidad productiva.
Un mejor enfoque puede ser limitar la relación entre precios mayoristas y minoristas, atacando la especulación y el acaparamiento sin eliminar los incentivos para aumentar la oferta. En la OCDE, Pisu insistió en que los apoyos a los ingresos, más que los controles de precios, siguen siendo la mejor forma de ayudar a los hogares vulnerables frente a un shock de precios. Pero también reconoció que el racionamiento tendría que extenderse si el estrecho de Ormuz permanece cerrado.
Sin embargo, más que restringir a los consumidores, sostuvo que la verdadera tarea de los gobiernos es colaborar entre sí para aprovechar mejor las reservas estratégicas existentes, en lugar de recurrir a prohibiciones de exportación que describió como “naturales, dadas las presiones políticas, pero cortoplacistas”. “Este no es el momento de pensar en acumular reservas”, afirmó. “Es el momento de usar las reservas que debieron haberse acumulado en tiempos de bonanza”.