11 Mayo 2026 A solo dos meses de asumir la presidencia, las razonesy expectativas que llevaron a Kast a La Moneda parecen haber chocado con larealidad y las complejidades propias de la gestión pública. Las principalesencuestas no solo registran una importante caída en la aprobación del Gobierno,sino que también reflejan el impacto de medidas impopulares y de unainstalación gubernamental marcada por errores y dificultades que, al parecer,no fueron previstas. El alza sostenida de los combustibles producto decontingencias internacionales, más que un dato técnico, se ha convertido en unsímbolo del malestar ciudadano frente al aumento del costo de la vida.

A ellose suma que el discurso de "eliminar la grasa del Estado" se ha gestionado conuna opacidad que erosiona la confianza pública. La ambigüedad respecto de la continuidad de programassociales ha sembrado temor en los sectores más vulnerables y desconfianza ensegmentos tradicionalmente moderados. Cuando las señales de austeridad no vanacompañadas de una hoja de ruta clara, dejan de percibirse como políticapública y comienzan a entenderse como una amenaza latente, afectandoinevitablemente la credibilidad del Gobierno y sus intenciones.

Esta baja aprobación también podría explicarse por undéficit de conducción política. Desde fuera, se aprecia un gobierno convocerías dispares, tensiones entre ministros y escasa coordinación interna. Elcaso de la ministra Mara Sedini en la Segegob resulta ilustrativo: para muchos,su desempeño ha dejado al Ejecutivo sin un relato coherente justo en momentosen que se están adoptando decisiones complejas que requieren claridad yprecisión al momento de comunicar sus razones y eventuales beneficios.

A ellose suma la seguidilla de renuncias de seremis, lo que instala una percepción dedesorden y falta de conducción. Los errores comunicacionales también han profundizadola sensación de fragilidad. La desafortunada frase "Chile está en quiebra",lejos de justificar eficazmente medidas económicas de austeridad, instaló unasensación de alarma que pudo erosionar la confianza en la conducción económicay afectar la imagen internacional del país.

En vez de transmitir control ydirección, las imprecisiones políticas y comunicacionales refuerzan la idea deun Ejecutivo golpeado por la contingencia, incapaz de alinear su relato con susacciones y generar certezas. Revertir esta tendencia exige ajustescomunicacionales, pero también algo más profundo. Se requiere abandonardefinitivamente el modo campaña; insistir permanentemente en las falencias delgobierno de Boric ya no parece suficiente.

Hoy el desafío pasa por priorizar,ordenar y explicar. Muchos analistas coinciden en que se deben fortalecer losequipos políticos con figuras de mayor experiencia, transparentar qué serecorta y con qué propósito, y reconectar la macroeconomía con las necesidadescotidianas de la ciudadanía. Todo ello sin descuidar la seguridad pública, una delas principales banderas que llevó a Kast al poder y donde, hasta ahora, no seaprecia un proyecto claro desde una cartera encabezada por una ministra que,durante estos primeros meses, ha debido concentrarse más en defender suidoneidad que en implementar acciones concretas frente a una sensación deinseguridad que sigue sin retroceder.