De hecho, múltiples expertos en lingüística computacional y ética tecnológica coinciden en que su uso en procesos de validación de autoría es inapropiado y potencialmente dañino. Conclusión: el riesgo de delegar el juicio humano La evaluación de la autoría no puede reducirse a un porcentaje generado por un algoritmo. Hacerlo implica renunciar al análisis crítico, al contexto y a la comprensión profunda del lenguaje.
La paradoja es evidente: en un intento por proteger la autenticidad humana, estamos creando sistemas que dudan de ella. Por ello, es urgente establecer criterios más rigurosos y responsables. La tecnología puede apoyar, pero nunca reemplazar el juicio humano informado.