Señor Director: Este 15 de mayo, cuando se conmemora el Día Internacional de la Familia, resulta inevitable mirar con atención y también con preocupación la realidad que viven miles de personas mayores en nuestro país y especialmente en la Región de Ñuble, una de las zonas con mayor envejecimiento de Chile. La familia no solo debe entenderse como un vínculo de sangre, sino como el espacio donde se protege la dignidad, el cariño y la memoria de quienes lo dieron todo por generaciones enteras. Sin embargo, hoy vemos a muchos adultos mayores enfrentando la soledad, pensiones insuficientes, largas listas de espera en salud y un abandono silencioso que duele más que cualquier enfermedad.
Ñuble fue levantada por manos campesinas, por hombres y mujeres que trabajaron la tierra, criaron familias y construyeron comunidad. Ellos merecen una vejez con respeto, compañía y calidad de vida, no sentirse una carga ni quedar invisibles ante una sociedad que avanza demasiado rápido. El verdadero desarrollo de una región también se mide en cómo trata a sus mayores.
En cada abuelo que espera una visita, en cada adulta mayor que necesita atención o simplemente conversación, hay una historia de esfuerzo que Chile no puede olvidar. En el Día de la Familia, quizás el mejor homenaje sea volver a mirar a nuestros mayores con tiempo, gratitud y humanidad.