Cada 1 de mayo, las organizaciones solemos reflexionar sobre la productividad, los derechos laborales y el futuro del empleo. Sin embargo, este año la invitación es a mirar más allá de la oficina o el centro de distribución. Como sociedad, y particularmente en Chile, nos enfrentamos a una transformación demográfica silenciosa pero profunda que está redefiniendo lo que significa ser un trabajador: el auge de la llamada Generación Sándwich.
Hoy, gran parte de nuestra fuerza laboral se encuentra atrapada entre dos frentes de cuidado: el de sus hijos y el de sus padres o familiares mayores. No es un fenómeno menor. Se proyecta que para el año 2050, el 27,5% de la población de América Latina tendrá más de 60 años.
Este acelerado envejecimiento poblacional plantea un dilema humano y profesional sin precedentes para quienes deben equilibrar una carrera ascendente con redes de apoyo familiares que se vuelven cada vez más frágiles. Las cifras nos obligan a salir de la indiferencia. En nuestra región, la tasa de ocupación femenina es del 50,9%, situándose 20 puntos porcentuales por debajo de la de los hombres (74,3%).
Esta brecha no es solo una cuestión de acceso, sino de carga: las mujeres dedican, en promedio, entre 1 y 5 horas más al día que los hombres a trabajos de cuidado no remunerados. Cuando el trabajo de cuidado se invisibiliza, el potencial de miles de personas, principalmente mujeres, se sofoca y afecta no solo su bienestar, sino la vitalidad y riqueza de toda la cadena productiva. Desde la gestión de personas, ya no basta con ofrecer «flexibilidad» como un beneficio aislado.
El desafío actual es transitar hacia una corresponsabilidad real. Las empresas deben comprometerse a crear normas internas que les permitan ser más humanas. Esto implica reconocer que el bienestar integral de un colaborador depende de su relación consigo mismo, con el otro y con el mundo.
Si queremos organizaciones sostenibles en el Chile de hoy, debemos derribar el viejo paradigma que ve la discapacidad o la necesidad de cuidado como una imperfección a corregir o un problema individual. Debemos, en cambio, construir entornos donde la vulnerabilidad sea parte de la conversación estratégica. Esto significa implementar procesos que valoren la integralidad del ser humano y eliminen los sesgos que penalizan a quienes asumen tareas de cuidado.
Este Día del Trabajador, el llamado para los líderes de Recursos Humanos y para el mundo empresarial chileno es a dejar de ver al trabajador como un recurso aislado. Un trabajo digno es aquel que permite a la persona desarrollarse profesionalmente sin tener que sacrificar la dignidad de cuidar y ser cuidado. Solo al reconocer esta realidad estructural podremos hablar de una verdadera justicia social y de negocios que, más allá de los resultados financieros, generen un impacto positivo real en la sociedad.
Cuidar a quienes cuidan no es solo un acto de empatía; es la base de la sustentabilidad social del mañana.